Archivo mensual: julio 2009

Francisco Manuel Mata Armas "Chicho Mata"

La Historia en la Punta de la Navaja

Manuel Caballero




Francisco Manuel Mata Armas, a quién desde muy joven todo el mundo llamaba Chicho Mata, nació en Sabana de Uchire (Estado Anzoátegui), el dos de abril de 1900. Su vida coincide casi enteramente con el siglo veinte. Ser testigo de un siglo en el cual su país ha sufrido transformaciones tan espectaculares, y serlo sobre todo durante tanto tiempo, ya es algo poco común; pero podría no ser más que “una Hazaña fisiológica”, tal como Arturo Uslar Pietri pretendió con increída modestia que fuesen sus propios noventa años.



Pero a esa simple acumulación de años, Chicho Mata va a unir una situación y una condición que dan a su testimonio un valor particularísimo.



En primer lugar, donde nace Chicho, Sabana de Uchire, un pueblecito de la montaña “donde deprime la selva de Guatopo” dice un pariente y biógrafo suyo, será el sitio donde trascurra su vida, al menos su parte más importante y creativa.



Su condición es la de artista, un grabador autodidacta que seguirá siempre de manera militante y comprometida, sobre todo a partir de 1946, con la vida política del país. Como está actuando y participando en una aldea tan apartada, de una región periférica, en el testimonio de Chicho Mata se retrata muy bién cómo se perciben, y como se reflejan, la política y la historia del país en la Venezuela profunda, lo cual permite, una útil comparación con lo que se hace en el centro. Pero Además Chicho Mata es un artista. Con una afilada navaja y un trozo de madera blanda, va esculpiendo las planchas que luego hará imprimir en una prensa muy primitiva, una por una. El no ha asistido nunca a una escuela de artes plásticas, ni nadie le ha enseñado las técnicas que ya en su tiempo se conocen y aplican. No nos corresponde en este texto juzgar y ni siquiera reseñar sus aportes a sus logros desde el punto de vista estético; pero si señalar, que durante cincuenta años, su paciente labor en aquel escondido pueblecito lo ha hecho notar por alguna gente muy importante de Caracas, en especial por los líderes políticos que cuentan con su simpatía y que buscan ser objeto del tema de trabajo de su navajilla.



Ese no es sino el primer paso para el reconocimiento de su trabajo; como suele suceder en el ámbito político, es siempre muy interesado, y por supuesto, por razones menos artísticas que políticas.



Sin embargo, eso no deja de ser importante, pués le permite captar, con mayor cercania, la historia política del país en el centro si no del poder, por lo menos de su inmediata vecindad.



Pero el trabajo de Chicho Mata no se queda en la simple anécdota. Es muy posible que los nombres y las circunstancias a que se refieren sus grabados sean olvidados muy pronto, si no lo han sido ya.



Pero primitivo o ingenuo, como le quieran llamar quienes ceden al gusto de las clasificaciones cerradas, el hecho es que el largo trabajo de este grabador autodidacta se puede señalar hoy, y es lo que propone esta exposición del Centro de Artes La Estancia, como un momento de la historia de las artes gráficas en Venezuela. Las líneas que siguen intentaran reflejar, primeramente la circunstancia en la larga actividad en que se desenvuelve, y, en segundo lugar, como se inserta allí su propia vida.



SU PRIMERA VENEZUELA.

Como Chicho Mata nace en 1900, y vive casi todo el lugar el siglo, la historia que atestigua se puede dividir en dos partes de cuarenta y cinco años cada una, divididas por el dieciocho de octubre de 1945. Es cierto que para bién o para mal, o sea, para partidarios y adversarios, esa fecha divide la historia del siglo veinte venezolano en dos partes, pero conviene aclarar que esa división o periodización de la historia venezolana no es capricho de algún historiador, sino la que el propio artista propone, no de manera expresa, sino con su propia actividad creadora, que se expande acicateada por la situación política, a partir de 1946.



Eso hace posible combinar la historia como memoria colectiva con su propia memoria individual, en el primer período a través de los recuerdos recogidos por algunos de sus prójimos, en el segundo a través de su expresión pública en estos grabados.



Cuando el vientre de Doña Wuintila Armas de Mata expulsa el cuerpo de su hijo Francisco Manuel, hace siete meses que los andinos han entrado a Caracas, y a la Casa Amarilla, entonces sede del Poder Ejecutivo. Un hombrecito que parece un manojo de nervios, verboso y cojitranco, acaba de anunciar sus propósitos de mando con tres frases, que si se quieren sacramentales: nuevos hombres, nuevas ideas, nuevos procedimientos. A pocos pasos del orador, General Cipriano Castro, lo escucha atento y hermético su hombre de confianza, General Juán Vicente Gómez. Ellos no lo saben, y tal vez ni siquiera lo instuyan, pero la gente que ellos comandan no saldrán de palacio hasta medio siglo más tarde.



De esas cosas poco o nada se sabe en aquella casa de Sabana de Uchire. Nada sabe Doña Wuintila; pero muy poco más, si algo, sabe el jefe de la casa, Don Antonio José Mata Medina: es muy posible que ninguno de ellos haya visto jamás un andino.



Esa era la característica acaso fundamental, o primera, de aquella Venezuela: Una federación de hecho, sino de derecho. Si entonces alguien hubiese tenido la necesidad, el tiempo y los dineros para viajar de Sabana de Uchire a Capacho o la Mulera, en el mejor de los casos se habría tardado un mes en hacer esa travesía, llena por lo demás de peligros e incomodidades. De seguro, más le valiera emplearlos en irse a Europa o a los Estados Unidos. Pero si las tenia de ir a Caracas, no se crea que el viaje fuese muchísimo más corto, ni más cómodos: se necesitaba el temple de un José Tadeo Monagas para haberlo hecho a lomo de caballo, treinta años antes y para tumbar al gobierno. Mucha suerte tendrá además Chicho Mata de haber vivido suficiente, como para que su padre lo enviase a la escuelita del pueblo, siete u ocho años después de aquella fecha inicial de su vida. Mucha suerte por haber vivido, dada la inmensa cantidad de niños que morían entonces en sus primeros años de vida. Mucha suerte de tener un papá vivo que pudiese enviarlo a la escuela, y no un papá muerto en una de las guerras civiles del siglo más violento de la historia venezolana. Lo primero, la muerte de los niños, continuará igual durante cuatro décadas más. Lo segundo cesará toda su vida cuando Chicho haya cumplido tres años: En la batalla de Ciudad Bolívar derrotará definitivamente a la Revolución Libertadora (y a todas las revoluciones) el Benemérito General Juán Vicente Gomez. Ese mismo general que se hace el poder supremo cuando Chicho está ingresando al primer año de la escuela primaria, y al cual no dejará de oir nombrar a diario -las más de las veces, Sottovoce-, por un país aterrorizado durante los 27 años siguientes.

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RUDIMENTOS DE EBANISTERÍA.

De esa escuela Chicho Mata egresará hacia 1916, sabiendo las cuatro reglas, y con algunas nociones de geografía e historia y del uso de la lengua. Pero el muchacho tiene aptitudes artísticas: A solas, o con algún artesano del pueblo, aprende también rudimentos de ebanistería, los cuales le sirven para fabricar nichos, tronos, altares para la iglesita del pueblo, así como diversos instrumentos musicales que tocaba excelentemente, si bien “de oído”; a partir de eso no le resultó difícil, llegado el momento de cambiar el cincel y el martillo por la navaja, y convertirse en dibujante de clichés, en artesano grabador.



Pero con esas artes es difícil que alguien pudiera mantenerse, y mucho menos formar una familia, en un pueblo como aquel, en un tiempo como ese, en un país como el suyo. Las únicas actividades productivas eran la agricultura y el comercio, y quienes tenían medios solían combinar ambas: fué lo que hizo Chicho.



Cuando se dice “tener medios” eso no quiere decir mucho más: ni los ricos lo eran mucho entonces. Por mucho que su padre hubiese tenido cargos políticos de cierta importancia (unas notas biográficas lo señalan como “poeta y parlamentario”), esa escogencia era también un retrato de la economía venezolana, mayormente de subsistencia, caracterizada por su escaso excedente: La Venezuela monoproductora y exportadora se ubicaba hacia el oeste de Sabana de Uchire, en el centro y occidente del país. Con su trabajo allí, llegado a la edad adulta, Chicho va a formar una numerosa familia, como era la costumbre de la época: una gran cantidad de hijos era la garantía de que pudiesen sobrevivir algunos; y como también solía suceder, esa no era la familia nuclear que hoy se conoce en las ciudades, sino la “familia extendida” de los antropólogos: sobrinos, ahijados y los “criaditos” que solían estar a medio camino entre la servidumbre y la familia. Hasta que alcance la mayoría de edad que entonces era de veintiún años, Chicho no se ocupará de otras cosas (amén, se supone, de amores y parrandas). Pero en 1922 decide “meterse en política”, o en lo que significaba entonces hacerlo: acepta la jefatura Civil del Municipio de Sabana de Uchire. Que ese pequeño cargo casi puramente administrativo tuviese una significación política, indica dos cosas, en principio contrapuestas. Una, que Venezuela ha cambiado desde que hace unos veinte años el General Gómez hizo enterrar a la revolución el hacha de la guerra en la batalla de Ciudad Bolívar. Antes de eso, “hacer política” significaba hacer guerra. La otra es que Venezuela no ha cambiado tanto, y que hasta un “puestito” tan insignificante se obtiene solo por medio de una probada adhesión al Benemérito.



Por lo demás, también indica que Gómez se siente suficientemente fuerte para permitir que en aquellas regiones, por muy apartadas que fuesen, hubiese un jefe civil que no fuese tachirense, como era el caso del inmediato superior de Chicho, el joven Guillermo Raven Himiob, quién por su parte había demostrado su fidelidad al régimen participando, al lado de Luís Godoy, Presidente del Estado, en la “campaña”-como con lenguaje todavía guerrero, se seguía llamando a la persecución del tenaz guerrillero Emilio Arévalo Cedeño en sus infructuosas correrías por los llanos-.



Puede resultar hasta risible que un cargo así pudiese tener significación política. Pero resulta sorprendente que, además, se pudiese llamar “política” a una actividad como esa en una región tan apartada, y en un país donde la palabra política había sido expulsada del diccionario. Pero sería errado pensar que aquella Venezuela donde todo estaba “atado, y bien atado” las cosas dejaran de moverse dentro de ciertos límites. Nadie cuestionaba, porque no podía pero también porque no quería la autoridad del General Gómez: la suya era una monocracia aceptada, y eso por las buenas y por las malas.



UN CIERTO DINAMISMO.

Pero a partir de allí no dejaba de haber cierto dinamismo, cierto estira y encoge que se podía asimilar de una forma u otra a la actividad política, al menos para la gente más principal del pueblo, como Chicho Mata ya comenzaba a serlo, pese a su juventud. Es así como la caída de Guillermo Raven Himiob trae consigo la de Chicho, no porque su sucesor lo quisiese, sino porque el propio interesado se niega a seguir en el cargo: fué pues el mismo Chicho quién le dió a esa una significación política.



Todo el proceso de entradas y salidas de jefes civiles en Sabana de Uchire en los años siguientes es relevador de la dinámica a que se aludía más arriba: se protestan los modos arbitrarios de un jefe civil, la gente más importante del pueblo se arriesga a denunciarlo en una carta a la autoridad inmediata superior; el acusado reacciona y trata de armar una intriga para poner de parte suya al General Juan Vicente Gómez, pero el chisme no puede llegar a destino porque sus propios subalternos se niegan a secundarlo redactando una peligrosa calumnia.



Los firmantes escapan a Clarines, donde al final todo se aclara y pueden volver al pueblo con todas las garantías, lo que significa también que, al poco tiempo, el nuevo jefe civil será removido y suplantado por otro que satisface a los habitantes de Sabana de Uchire.



En fin, la misma historia de protestas, sustituciones y desengaños, donde lo que llama la atención es que no siempre esas protestas eran infructuosas o reprimidas, entre otras cosas, porque cuando la protesta se tornaba manifestación callejera, los manifestantes tenían buén cuidado de precisar sus intensiones echando abajo al Jefe Civil impopular, pero dando vivas al General Gómez y al gobierno regional.



En una de esas, el propio Chicho Mata es nombrado Jefe Civil de Uchire. Cuando en sus notas biográficas se dice que ello causó gran alegría en el pueblo no debe tomarse eso siempre como interesada conclusión: Lo que ellos saludan es que los gobierne un paisano suyo, no un jefe civil “importado”. Tampoco ese cargo será vitalicio, y ni siquiera de muy larga duración. La oposición hará sentir su vozy su protesta, y el estira y encoge recomenzará. En esos años tal vez llegue hasta Sabana de Uchire, muy tardíamente, algún eco de los sucesos de 1928 en Caracas, y seguramente más, por cercana geográficamente, la noticia de la intentona revolucionaria del Falke, que se saldó con la muerte del Jefe de la Revolución, Román Delgado Chalboud, en singular combate con el Presidente del Estado, General Carlos Emilio Fernández, también muerto. Pero en 1932 cuando Chicho Mata siente en carne propia el ramalazo de la historia, que esta vez es historia económica: La crisis mundial que comenzó con el Crash financiero de 1929 lo golpea con dureza. Como la inmensa mayoría de los agricultores y de los comerciantes del país, Chicho Mata se encuentra en la ruina. Su sueldo de Jefe Civil apenas le alcanza para pagar al policía del pueblo, y los precios de los productos que cosecha y vende se han venido al suelo.



Chicho busca salir del atolladero con diversos expedientes, entre ellos el de destilar aguardiente. En esas, un día de diciembre de 1935 llega a su hacienda la noticia de que varios días antes había fallecido en su lecho de Maracay el General Juán Vicente Gómez. Ya el hemegón andino no gozaba de la popularidad que tuvo en 1908, y, por lo demás, los muertos no salen.



Los campesinos que trabajaban en la destilería paralizan el trabajo varios días, bebiendo a mares el aguardiente que Chicho les regala para celebrar la muerte del tirano y también -pero ellos no lo saben, y acaso no lo sabrán nunca -lo que Mariano Picón Salas llamará en Caracas “el Ingreso de Venezuela al siglo XX”.



DESTIERRA LA IMPRENTA.

Hasta el año 1925, Chicho Mata había editado un pequeño periódico, Eco de Provincia, del cual no parecen haberse conservado recuerdos accesibles. Debió suspenderlo por razones fundamentalmente económicas: no podrá atenderlo y a la vez a sus labores de comerciante y agricultor. Pero no es imposible que el desinterés de Chicho por la publicación haya tenido otro origen. Como sea, apenas muere el General Gómez, desentierra su vieja imprenta y con ella el periodismo en su aldea. Esa imprenta, una Washington R. Hoe & Co. Nº 1918, tiene de por si una historia novelesca. Traída por un barco carbonero a Puerto Uchire en los primeros días del siglo, su propietario el general Nicolás Rolando, uno de los jefes de la Revolución Libertadora, la había regalado a su amigo y correligionario Andrés Mata Alfonso, abuelo de Chicho. En hombros de no menos de cien campesinos fue llevada en turnos vigorosos hasta Sabana de Uchire, a donde llegó en una fecha por lo demás simbólica: en 1903, año en que la Batalla de Ciudad de Bolívar marca el fin de las guerras civiles en Venezuela, ósea, el paso del fusil a la imprenta como artillería política. En ese momento, Chicho tiene apenas tres años.



Aunque no se hayan conservado muchos testimonios de esa época, se sabe que a Chicho le impresionó, como al resto del país, el suceso del 14 de Febrero de 1936, cuando el pueblo caraqueño, en una manifestación gigantesca y memorable, impuso un cambio de rumbo al gobierno de López Contreras y, por así decirlo, le cortó con violencia el cordón umbilical gomecista.



Pese a ese viajare, Chicho escoge esta vez la oposición, y sus continuas campañas, sobre todo contra el gobierno del Estado Anzoátegui, le valen reconvenciones y represalias donde él ve una voluntad de venganza en contra suya. Posiblemente haya de todo en esas acciones: como comerciante y como destilador de aguardiente, Chicho, como por lo demás todo el mundo, nunca andaba muy al día en materia de impuestos, y los fiscales de rentas lo seguían muy cerca.



Pero el hecho de que había detrás de eso una intención de perjudicarlo por sus campañas de oposición parece haber quedado demostrado cuando Chicho recurre, también como todo el mundo, a la suprema instancia: el General López Contreras le responde entonces y hace paralizar las acciones perentorias con el fisco en su contra.



En el año 1939 tienen lugar las elecciones municipales. El PDN, entonces clandestino y ya bajo dirección única de Rómulo Betancourt, lanza sus candidatos también en algunas regiones del Estado Anzoátegui. Chicho Mata se une a ese partido, con tan buena suerte, que sus candidatos ganan en los distritos Bruzual y Peñalver. Esa será la única vez que Chicho Marta se ponga al lado de Rómulo Betancourt en una acción política. En 1941, asume la presidencia de la República en una elección de tercer grado, el General Isaías Medina Angarita, Ministro de Guerra y Marina de López Contreras. Contra todas las expectativas, el nuevo presidente comienza a virar hacia la izquierda, proceso que se acentuara una vez que los EEUU entren en guerra en la gran coalición antifascista. Aconsejado por Arturo Uslar Pietri, Medina decide no solamente una apertura que otorgara la legalidad al PDN como “Acción Democrática” y más tarde al partido comunista, también bajo otro nombre, sino que se lanza a pelearle a campo abierto el apoyo de las masas. Uslar organizará entonces un partido de Gobierno, ingenuamente bautizado como “Partidarios de la Política del Gobierno”, nombre indicativo sobre todo de la bisoñería de sus creadores en la materia de política de calle. Poco después ante la burla de sus adversarios, el PPG cambiara de nombre, poniendo en jaque a los burlones al arrebatarles el nombre de su partido, su consigna y sus programas con una mayor participación: será el Partido Democrático Venezolano, ese PDV cuyas siglas son un calco del PDN.



Pero eso no será todo: El PDV logra arrancar a la oposición el apoyo, que hasta entonces había monopolizado en forma tácita o expresa de lo más granado de la inteligencia Venezolana. En aquel perdido rincón de Venezuela, Chicho se alista en la nueva organización: No solo es designado miembro principal de su directiva, sino que es candidato a la Asamblea Legislativa. Lo hace como suplente, pero su plancha es la triunfadora, y en tal condición Chicho asistirá muchas veces a las sesiones en ausencia de su titular. No es por nada entonces que Chicho recordara esta etapa de la historia Venezolana como una edad de oro.



SU SEGUNDA VENEZUELA.

Pero ello terminara bruscamente el 18 de Octubre de 1945, y Chicho Mata quedara en bando de los vencidos. Aquí comienza una nueva etapa en la vida de Venezuela, y también en la suya. Su implicación en la actividad política será mucho más profunda y sostenida, como es el tono que aquella tomará a partir de entonces. Al contrario de lo que suele suceder en otras áreas de la plástica, en las artes gráficas eso no significa una disminución de la producción de un artista, ni en cantidad por su puesto, ni tampoco en calidad. Sobre esto último podrán ser jueces los críticos y los espectadores que se acerquen a la reproducción de sus trabajos en la exposición y en el archivo que ahora los conserva.



Los primeros grabados que allí se conservan, tienen como ámbito la campaña electoral para la Asamblea Nacional Constituyente. En los primeros meses de 1946, los Doctores Elías Toro e Isaac Pardo, figuras eminentes de lo que se llamó alguna vez el “Ala Luminosa” (Por intelectual) del PDV Medinista, forman un nuevo partido Unión Republicana Democrática. Todo lleva a Chicho Mata a darle su Adhesión, en particular después de que URD se convierte en el partido de Jóvito Villalba, el hombre que más admira en la política venezolana, y esto desde 1936 (Algún apunte bibliográfico hace remontar esa admiración al año 1928, pero es poco probable que el joven Tribuno fuese conocido entonces en Sabana de Uchire).



Durante el año 1946, los grabados de Chicho siguen en su texto la orientación de su líder: Gobierno de integración Nacional para garantizar imparcialidad en el proceso, lucha contra el “Ventajismo” de Acción Democrática y propaganda alrededor del color electoral de URD, el marrón–tierra. El partido de gobierno arrasa en las elecciones, y URD sufre una derrota aplastante.



La situación continuará igual durante los años del Trienio. Por lo tanto, más que describir el detalle de las campañas electorales y las participaciones de Chicho Mata con sus grabados, es útil referirse al clima político que su trabajo refleja. Durante el gobierno de Medina Angarita habrá una gran libertad de expresión, y también después del 18 de Octubre, esta vez ampliada con una mayor participación, al otorgarse el voto a los analfabetas, las mujeres y los jóvenes en edad militar. Pero entre los dos regimenes se situará un hecho de sangre, y las enemistades se hacen por eso irreconciliables, dejando de ser simples confrontaciones políticas para transformarse en odios personalizados. Muchos años después, con la autocrítica y el clima de unidad nacional que llevó al 23 de Enero, eso se llamo “Canibalismo”, y se prometió no incurrir jamás de nuevo en eso. Pero al parecer la carne humana es la más apetitosa de todas; en todo caso, lo fué en los años del Trienio.



En las elecciones presidenciales, URD escoge abstenerse aunque si lance sus candidatos a los cuerpos deliberartes. Esta es una decisión política que en Caracas se argumenta como una respuesta al sectarismo y, sobre todo, al ventajismo, a la voluntad hegemónica de Acción Democrática. Pero al no tener al candidato así cuya victoria se oriente la propaganda positiva en provincia, ésta se centra sobre todo en la descalificación del adversario, el cual responde pagando con la misma moneda. En el caso de URD, y de Chicho Mata en particular, se dá otra circunstancia que contribuye a hacer más duro el tono de su propaganda: De los partidos que participan en las elecciones, URD es el único que no ha aceptado el hecho de Octubre, no es por lo tanto un partido “Octubrista”, como si lo proclaman orgullosamente su colega de la oposición, Rafael Caldera y su partido COPEI. En Sabana de Uchire, Chicho Mata es el hombre a abatir, el “Cacique Medinista” y otras lindezas. Chicho se defenderá entonces navaja en mano, con ella se hacen los grabados.



Esta arma ofensiva que ha hecho correr tanta sangre en las peleas de gallosy en las noches de aguardiente pendenciero, buscará en sus manos herir de otra manera, menos letal, pero no por ello menos sangrientas, si es verdad que la ironía y la burla puedan ser mortales al dar ese cambiazo, y por supuesto sin darse cuenta, Chicho estará también dando un paso gigante, no solo individual, sino colectivo.



Si un hombre como él, nacido y criado en la Venezuela campesina y violenta, cambia “a critica de las armas” por “las armas de la crítica”; si cambian así la guerra por la política, eso significa que el país ha dado un inmenso salto adelante en su proceso civilizatorio. Y el aporte de Chicho Mata es tanto más significativo cuanto que lo está haciendo en una perdida aldehuela. De una forma u otra, eso tenia que reflejarse en su trabajo: El trazo de Chicho Mata es grueso, es vital, es violento, como por lo demás lo es el texto de sus afiches en una Venezuela, que también políticamente, esta apenas aprendiendo a escribir.



REBASA LAS FRONTERAS REGIONALES.

URD es un grupo pequeño, no solo frente a las magnitudes del partido de gobierno, sino incluso frente al otro partido de oposición, COPEI: Solo le disputa el ultimo lugar en las preferencias del electorado el partido comunista, el cual tiene sobre URD la ventaja de su organización, disciplina y mística legendarias. La importancia de la “Imprenta de madera”, de los grabados de Chicho Mata, se acrecenta tanto más y es uno de los pocos órganos de propaganda de su partido, cuyo trabajo se distribuye a todo el país. Chicho Mata se transforma así en una figura que transciende los límites regionales, razón de más para que sus adversarios lo conviertan en blanco de sus ataques: La acusación de “gomecista”, el recuerdo de sus puestos bajo la tiranía y luego bajo el medinismo le es enrostrado con insistencia.

El trabajo de Chicho se orienta entonces a demostrar la falacia y, más aún, el absurdo de considerar “gomecista” a los opositores del régimen de Octubre. Aquí Chicho Mata tiene en las manos un nombre precioso: Jóvito Villalba. Al gran tribuno de 1928 y 1936, el hombre que pasó varios años en las cárceles de Gómez con grillos en los pies, es absurdo considerarlo “gomecista”: Basta comparar su Currículum Vitae, con el de algunos dirigentes del régimen Octubrista, y en especial con el de su candidato presidencial Rómulo Gallegos, a quién se le reprocha que, como todo el país pensante de la época, allá apoyado el “Milagro Político” de 1908. Por el contrario, insiste Chicho en los vitriolitos textos de sus xilografías, los verdaderos “gomecistas” son los gobernantes de Octubre, por sus métodos y por su manera de organizar elecciones.



La Navaja de Chicho va acumulando así, los cargos contra la gestión del gobierno sin que falten ataques al otro partido de oposición, COPEI. Pero sobretodo, como es lógico en periodo electoral, lo que más preocupa a Chicho Mata es denunciar el “ventajismo” del gobierno por favorecer a su partido en las próximas elecciones, en desventajas de los otros.



Cuando en un intento por impedir las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente se produzca el 11 de Diciembre de 1946 un alzamiento militar comandado por el Mayor Juán Pérez Jiménez, develado entonces con el apoyo, entre otros, de su propio hermano el futuro dictador Marcos, el gobierno no hace mucha diferencia entre su opositores militares y civiles. Con razón o sin ella: El suceso provoca en Caracas la detención –Con Miraflores por cárcel- de Jóvito Villalba y una crisis en URD, de donde se retiran sus fundadores Elías Toro e Isaac Pardo. Si en la Capital de la República los campos se definen y enfrentan de tal manera que el enemigo de mi enemigo se vuelve por eso mi amigo, en provincia esa división es siempre más tajante: Sin juego de palabras, Chicho va a andar “a salto de mata” para impedir que las “comisiones” del gobierno, con gran despliegue guerrero, le pongan la mano para mandarle preso lejos de su pueblo y, sobre todo, de su trabajo de propaganda.



El triunfo sobre la insurrección permite celebrar las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente, con la ventaja de AD magnificada por la derrota de sus adversarios militares. Reunida ya esa Asamblea, la preocupación de Mata es impedir que aquella sea apenas un instrumento para hegemonía del partido gobernante y electoralmente mayoritario. Villalba no está en La Constituyente y, por lo tanto, Mata parece poco motivado para comentar lo que allí se discute. 1947 es también el año de la campaña presidencial. URD ha decidido abstenerse y solo hace campaña para el Congreso. Los grabados de Chicho se centran entonces en descalificar al adversario, el candidato de AD, Rómulo Gallegos, por su presunto pasado gomecista.

En febrero de 1948, se inaugura Rómulo Gallegos como presidente Constitucional de Venezuela; durante todo ese año, el enfrentamiento de URD con el gobierno de AD se profundiza, y el tono se hace cada vez más alto. Se hace más alto en la capital: Se puede adivinar que lo sea mucho más en Sabana de Uchire. En mayo tiene un lugar las elecciones municipales, y Chicho Mata elabora sus grabados generalmente con mucho texto para adversar al gobierno y apoyar la tarjeta marrón–tierra de URD. No deja de lanzar sus “Espuelas” (Sic) contra COPEI.

El 24 de Noviembre se produce el desplazamiento de AD por los militares. Chicho Mata no cesa en sus criticas a AD, y recibe el derrocamiento de Gallegos con una frase Galleguianas: “Las cosas vuelven al lugar de donde salieron”; y despide a Betancourt diciéndole que “Salude al vale Truman” en los Estados Unidos. No hay tregua para el enemigo caído, aunque Chicho Mata parezca estar lanzando una advertencia, cuando un grabado suyo dice que: “El mayor honor para la Junta de Honor Militar de gobierno, sería demostrar que sus integrantes saben mandar”, lo cual es una frase de su dirigente del partido, caso el propio Villalba. Durante buena parte del año 1949, Chicho continúa burlándose de los Adecos derrocados, imaginando que dirán en el exilio sus dirigentes. Al pasar cuatro años, a Chicho se le hace patente que los gobernantes militares no han seguido la advertencia contenida en aquel grabado; la situación es muy distinta a la de 1948, cuando el derrocamiento de Gallegos, paulatinamente URD ha ido pasando a la oposición (también COPEI). Chicho Mata sigue esa tendencia y su actividad se hace más febril a medida que se acercan las elecciones en las cuales, con la tarjeta amarilla, URD trata de reunir toda la oposición.



Advierte al gobierno que no trate de montar un fraude, lo denuncian por haber despilfarrado ocho mil millones de bolívares, y en ocho puntos expresa las reivindicaciones de la oposición, el primero de los cuales es el cierre del campo de concentración de Guasina. Se comienza a calificar el proceso electoral de “farsa”. Para impedir que lo sea y demostrar la amplitud de sus reivindicaciones, los grabados de Chicho exigen el regreso del país de los expresidentes Gallegos y Medina. Sus lemas preferidos son: “Ni perseguidos, ni perseguidores” y “¡Democracia Si, Dictadura No!”.



Ya se va precisando lo que se hará evidente a medida que la campaña avance: Que URD entiende cobijar bajo sus banderas, bajo el color amarillo de su tarjeta, al conjunto de la oposición legal o clandestina, con la excepción de COPEI que se ha lanzado solo con la consigna: “COPEI es la solución”.



El 30 de Noviembre de ese año será el momento de mayor gloria de URD, y también su caída; le gana las elecciones al gobierno pero este se niega a reconocer el resultado de la votación, apresa a Jóvito, a la dirigencia de URD y los envía al exilio; la pequeña imprenta de Chicho entra en hibernación, sino es enterrada como en 1925. Son los amargos y silenciosos años de la dictadura unipersonal de Marcos Pérez Jiménez. En Sabana de Uchire dedicados a sus viejas tareas en agricultura y el comercio, Chicho calla y espera. Acaso, como todo el mundo, esto le permite reflexionar sobre la autofagia a que los partidos democráticos se dedicaron con actitud suicida durante los años del trienio. Es posible, aunque no se debe olvidar nunca que se piensa y se siente diferente, cuando se está en Caracas y cuando se está en Sabana de Uchire, en el corazón de la Venezuela profunda.



DE LA DICTADURA MÁS CORTA, A LA DEMOCRACIA MÁS LARGA.

Decir que en Enero de 1958 es derrocada la dictadura, es repetir un dato no solo puramente descriptivo, sino además de sobra conocido y por ambas cosas triviales. El 23 de Enero no es significativo porque se produzca entonces el derrocamiento de una dictadura, que en resumidas cuentas ha sido la más corta (1952-1958); no lo es porque inaugura la dominación más larga de la historia venezolana. La diferencia es que tal vez no se trata de la denominación del hombre, sino del partido político en su forma más genérica, AD y COPEI si se quiere particularizar, aunque a URD, el partido de Chicho Mata le toque también algo en el convite. Pero no se trata de satisfacer el hambre de poder. Pese a todo cuanto se le reprocha, con razón o sin ella, el dominio del partido político en el siglo XX ha conducido a la más larga etapa de estabilidad política, de participación popular y de prosperidad económica en toda la historia venezolana, si bién todo eso parece haber entrado en cuestión de la ultima década.

También, al amparo de la libertad de expresión, la más amplia conocida en la historia de Venezuela, se desarrolla la prensa y la propaganda política, y es allí donde la actividad de Chicho Mata se destaca y se vuelve más meritoria, pues está trabajando en un ambiente que se vuelve no solo competitivo, sino con el auxilio de una tecnología que puede fácilmente aplastar el esfuerzo del empecinado artesano de Sabana de Uchire.

En las elecciones de 1958, URD apoyará la candidatura del contralmirante Wolfgang Larrazabal; la campaña es corta, y así también el aporte de Chicho Mata. Larrazabal será finalmente derrotado, pero URD surgirá como una importante fuerza política, y social de la nueva coalición gobernante.



Esa situación durará poco: En 1961, en desacuerdo con la postura del gobierno frente a Cuba, URD se separa de este y pasa a la oposición abierta. Villalba recorre el país llevando ese mensaje. En Caracas se fundan para apoyarlo el Diario El Clarín, que pronto se convertirá en el vocero del sector más radical del partido, aliado a la extrema izquierda insurreccional. Chicho Mata sigue desde su imprenta esa tendencia, hace propaganda por Clarín, y el texto de sus grabados presenta reiterativas listas de reivindicaciones económicas y sociales y, preconiza una revolución nacionalista como lo hace evidente a cada paso el político a quién más admira y acata Chicho Mata, Jóvito Villalba. Pero él nunca ha sido candidato presidencial hasta que decide hacerlo en 1963. El corazón y el cerebro se unen así para comandar la mano de Chicho, en una febril actividad como nunca antes había desplegado, como no la hará tampoco después. La actividad del artista se centra en biografiar a su líder como responde a una campaña presidencial. Aparecen entonces los grabados con textos bibliográficos, a veces larguísimos, o con elogios que le dirigen otras personas políticas como el General Gabaldón, y los de abalanza simple, en los cuales se puede apreciar una cierta progresión. En unos, se exalta al líder de la organización cuando todavía no ha arrancado la campaña electoral; estos son muy elocuentes sobre las inclinaciones que, en materia de candidatura, animan ya a los urredistas “de base”, particularmente en el interior de la República. Como sucede con Betancourt, los partidarios de Villalba suelen llamarlo por su nombre de pila, Acaso por la sonoridad del mismo, pero sobre todo para marcar la relación especial que une a la masa con el líder carismático.



PROPAGANDA, POLÍTICA Y… MAGIA.

Al lado de eso estarán los grabados de propaganda negativa, ósea contra los adversarios de URD y Jóvito Villalba. El primero de esos enemigos es AD, partido de gobierno que, por lo demás, ganará las elecciones de 1963. Chicho se desencadena contra la tarjeta negra, color escogido por ese partido cuando el CSE le quita el suyo blanco tradicional. Como era fácil preverlo, la propaganda va tener un carácter menos político que mágico, poniendo el acento en el simbolismo luctuoso del negro. Cierto no será solo eso: La referencia es constante, además a la política y a la historia del partido AD. El segundo blanco de los ataques es COPEI y su candidato Caldera. El objetivo es destacar su condición de socio del gobierno coaligado. En el fondo, es el mismo ataque contra AD, pero hay otro interés: Al poner el acento en COPEI como partido de gobierno, se va al encuentro de su pretensión de arrastrar para así para los votantes contrarios al gobierno de Betancourt.

En todo esto no deja de haber un elemento curioso: No hay mención alguna del candidato de AD, Raúl Leoni, ni de otro candidato que se disputa parte del electorado de Villalba: Arturo Uslar Pietri. Lo primero puede explicarse, a parte de la grisura del candidato que sin embargo resulto ganador, por el hecho de que Chicho quiere destacar la oposición histórica Villalba-Betancourt. En cuanto a la ausencia de alusiones a Uslar Pietri, hay seguramente en ellos el respeto que los urredistas de la base sienten por la segunda figura del medinismo, después solo del General mismo. Chicho viene de allí, y entiende continuar fiel a sus orígenes. Pero también es posible que esa actitud se deba a que la candidatura de Uslar Pietri arrancó muy tarde, y que, fenómeno electoral si bién impresionante, quedó bastante circunscrito a la zona central, sobre todo Caracas.



Villalba ha decidido no repetir su candidatura en 1968. Viene de varios años de colisión con AD (Leoni), y no se le percibe como el hombre de la oposición abierta. De todas formas, durante ese año tratará de montar varias combinaciones para vencer a un AD que se presenta dividida (Prieto y Gonzalo Barrios). Las vacilaciones de Villalba también son las de Mata: URD, dice, citando a Sanín, no está por una candidatura irreversible. A final se decidirá, junto al FND, de Uslar Pietri y el FDP de Dagger-Larrazabal, al lanzar como candidato presidencial a Miguel Ángel Burelli Rivas. Rafael Caldera ganará las elecciones. Villalba volverá a lanzarse como candidato en 1973, luego de haber sido derrotado en la Convención de la Nueva Fuerza (URD-MEP-PCU) –organización copiada de la unidad Popular Chilena- que prefirió a Jesús Paz Galárraga, secretario General del MEP. La nueva fuerza se dislocó antes de las elecciones y Villalba se lanzó solo. Entre ambos candidatos sacaron unos trescientos mil votos, contra dos millones del vencedor Carlos Andrés Pérez y un millón seiscientos mil de Lorenzo Fernández. Pero esta vez Chicho Mata parece decidido no perder su voto hará propaganda a Lorenzo Fernández, candidato de COPEI, abandonando por primera vez en su vida a un Villalba al que sabe vencido y desprestigiado por no haber querido aceptar la nueva fuerza una votación que le fué adversa.



Desde entonces, Chicho Mata parece definitivamente conquistado por COPEI, pese a la derrota de 1973. En las elecciones de 1978 apoyará a Luís Herrera Campins “Con todo los hierros”. Todos los grabados de esta época son a favor del candidato de COPEI. Pero esta vez no entra en contradicción de su vieja fidelidad a URD, partido que también apoyara a Luís Herrera.



REFERENCIAS CONTRADICTORIAS.

Sin embargo, no es cierto, por lo menos no lo es enteramente. La tendencia política a la preferencia electoral de Chicho Mata en 1983 parece contradictoria. La mayoría de los grabados se muestran extremadamente favorable a Caldera: Quién es, dice uno de esos grabados “El mejor candidato para 1983: no hay pele”. Cree que, amen de los independientes, muchos adecos votarán por Caldera. Versifica escribiendo que “Para el 83 Caldera Otra Vez”. Y finaliza copiando un slogan deportivo muy conocido: “En el 83, Rafael Caldera para todo el Mundo”. Mayormente afirmativa, su propaganda no deja de tener su sesgo descalificador del candidato de gobierno. “Lusinchi es un hombre de carácter para ser presidente de la Republica”, dice citando a Eduardo Fernández. Y de pronto las cosas cambian. Caldera vuelve a ser el enemigo.



Se le reprocha que haya comenzado su carrera política con la paliza al caricaturista Leoncio Martínez (Leo) en 1937. Se pinta COPEI con cara de Diablo y se vaticina que si llega a estar al alcance de sus colmillos “¡Pobre Venezuela!”. Se publica entonces un grabado con extenso Curriculum Vitae del candidato de COPEI, acusándolo de haber apaleado a Leo, de embargarle el sueldo a un obrero, de haber formado parte del gobierno adeco en 1945, de haber cobrado honorarios profesionales durante Pérez Jiménez, de haberse exiliado voluntariamente dos días antes de caer Pérez Jiménez, (“¡ que heroísmo!”), de firmar el pacto de Punto Fijo, y de ser “el principal responsable de los desaciertos y errores de este Gobierno incapaz” ( el de Herrera Campins). En fin, Chicho ha sacado a la calle toda la vieja artillería anti-Calderista. ¿Que ha pasado? Por qué ese giro en redondo?. Se podría pensar que, en primer caso, Chicho se estuviese trabajando por encargo: Hace propaganda por COPEI por que este le paga sus trabajos profesionales. Igualmente lo hace por sus criterios, o tal vez espontáneamente, siguiendo sus propias tendencias. La explicación tal vez sea otra en 1978, Villalba apoyo a Herrera Campins, y se logra la ansiada meta durante tanto tiempo perseguida: La derrota de AD. Era lógico pensar que 1983 Villalba haría la misma alianza, con el mismo objetivo: Es el mismo curso normal de las cosas. Pero en política dos y dos no siempre son cuatro. El caso es que, sorpresivamente, Lusinchi maniobra con gran habilidad y obtiene el apoyo de un Villalba envejecido y enfermo, en lo que el candidato triunfador llamará “la reunión reconciliación de la social-democracia Venezolana”. Chicho Mata seguirá entonces a su admirado Caudillo. Esta tal vez sea la última de las campañas electorales donde encuentre estímulo. En las elecciones de 1988, quiebra algunas lanzas a favor de Eduardo Fernández, pero ni la energía ni el corazón parecen estar en el asunto ya su querido Jobito Villalba, muy disminuido física e intelectualmente esta recorriendo el camino que poco después lo llevara a la muerte, y el propio Chicho se acerca a los Noventa años. Sin embargo, eso no le ha impedido asistir a la agonía de la segunda Venezuela en la cual ha desarrollado su trabajo a través de una existencia excepcionalmente larga: Aquel niño que sobrevivió a una muerte que solía llevarse a sus contemporáneos antes del primer año no solamente supero la esperanza de vida de los venezolanos de este siglo, sino que la triplicó, lo cual es una hazaña en cualquier parte del mundo: Francisco Manuel “Chicho” Mata Armas muere el 25 de Noviembre de 1991.



LA VENEZUELA DE LOS AUTODIDACTAS.

La vida y el trabajo de Chicho Mata merecen algunas reflexiones, en la medida en que ello trasciende de lo puramente individual y biográfico. Antes que nada, es un representante del arte popular, en el sentido de que sus cultores no pasaron jamás por una academia: Es la escuela de los Bárbaro Rivas, que alcanza sus más elevadas cumbres con Feliciano Carvallo y Juán Félix Sánchez. Es, en una palabra, la Venezuela de los que se han enseñado a sí mismos, cuando y porque no había maestros que pudiesen encauzar sus actitudes y desarrollar sus aptitudes.



Chicho Mata vive y trabaja la mayor parte de su vida en un escondido pueblecito del Oriente Venezolano, todavía hoy una aldea, y, lo que es peor, una aldea cuyo aislamiento del centro público y cultural del país todavía es evidente. Eso hace más meritorio, no sólo su voluntad de expresar al país de allá adentro con las huellas que sobre un trozo de madera blanda pueda dejar una navaja o cualquier instrumento de pareja precariedad, sino que lo haya podido hacer tal cantidad y con una calidad que, ya en su momento, llamó la atención de sus amigos políticos, a quienes resultó de una gran utilidad su trabajo, y no sólo en su pueblo o en su región, sino en el resto del territorio nacional.



Esas labores tienen como tema casi exclusivo la política, lo cual hace de los grabados de Chicho un testimonio de la historia de su tiempo particularmente interesante, a través de su lenguaje y de su implicación en las luchas políticas de su momento: A través de su partidarismo, también por el ámbito geográfico de su acción, permiten ver cómo se percibe el desarrollo de la política y de la historia venezolana, no desde los centros de decisión sino desde la periferia, desde el país profundo.




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José Calasanz Mata Bellorín



Editorial Venezolana, C.A. 2006.


Nace en Sabana de Uchire (“La Patria Civil”), Estado Anzoátegui el 27 de agosto de1928. Desde jovencito acompaña a su padre en las duras tareas del campo en la hacienda “El Limón” y después en el propio establecimiento comercial de la población de Uchire. Al terminar el 6º grado, es maestro y director de la Escuela Federal Nº 15. Y tras de irse con su madre y hermanos a Caracas, escribe en “El Nacional y otros periódicos. Mientras trabaja como Secretario de la Jefatura Civil de San Agustín del Sur, y después en la Gobernación del Distrito Federal, como Fiscal de Rentas, inicia y culmina sus estudios de Secundaria en el Liceo Nocturno Juán Vicente Gonzalez. Posteriormente se gradúa en Estudios Internacionales (Diplomacia) y en Derecho en la Universidad Central de Venezuela. Después de ejercer la profesión de abogado en Caracas y en otras ciudades, ingresa al Poder Judicial en 1969 como Juez Accidental de Juzgado 13º de Primera Instancia en lo Penal de Caracas, en su condición de Primer Suplente de ese Tribunal. En 1975 es nombrado Juez Titular de Juzgado Primero de Primer Instancia en lo Civil, Mercantil, Agrario, del Tránsito y del Trabajo de la Circunscripción Judicial del Estado Barinas. Muchos años después, es Juez Superior Provisorio del Juzgado Primero Superior en lo Civil, Mercantil, del Tránsito, Menores y Trabajo del Estado Carabobo, en su carácter de Primer Suplente por concurso de ese Juzgado. Y finalmente desempeña el cargo de Juez Superior en lo Civil, Mercantil y Contencioso Administrativo de la Región Capital, con sede en Maracay, Estado Aragua, cargo con el cual fué jubilado por el Consejo de la Judicatura en 1988.

Mata Bellorín es casado y tiene hijos profesionales en Ingeniería Civil, en Derecho y otras ramas de Educación Superior. Además del presente librito y sus obras “Uchire, en sus Estampas Poéticas de un siglo” y “Semblanzas Líricas”, publicadas en la misma Editorial Venezolana. También el Dr. Mata Bellorín está por publicar los libros: “Dictámenes Judiciales”, artículos de opinión publicados en la prensa nacional y regional. “Discursos y Poemas”, “Jóvito Villalba ante la Historia” y otros libros de Historia, Derecho y de Política Internacional.

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El General Juan Cancio González Rojas

Con mucho orgullo, transcribo a continuación un artículo del escritor Rafael Armas Alfonzo, doblemente emocionados, la primera, esta es una obra inédita de este escritor, nunca antes publicada y la cual nos fue enviada por el cronista oficial de Clarines y gran colaborador de este blog: Álvaro Armas Bellorin, hijo del autor. La segunda, soy descendiente directo del General Cancio González, y durante muchos años busque información sobre este ancestro, del que escuchaba hablar de joven a los abuelos, búsquedas que siempre fueron infructuosas, solamente había conseguido una foto, de una calle de Clarines, que lleva su nombre. Hoy ya puedo decir, con mucha certeza, que me siento complacido de llevar su apellido y de ser su descendiente.

En la región que abarcamos en nuestro estudio en este blog, existen muchos descendientes del General Juan Cancio González, y de su padre Gabriel González Cánovas, como siempre acostumbramos, pueden hacer clic en el nombre de ellos, para enlazar con el árbol, donde pueden verlos.

Otro dato importante, para sus descendientes, es que el cadáver de Juan Cancio González fue exhumado dos veces, la primera de la Iglesia de San Mateo, para llevarlo al cementerio de Barcelona y de allí, para llevarlo a la Iglesia de Clarines, donde reposan hoy sus restos mortales, a un costado del Altar Mayor.

El General Juan Cancio González Rojas

A los hermanos González Aragort, en San José de Guaribe

Rafael Armas Alfonzo

Por la puerta grande de la tradición entra el General Juan Cancio González en la historia de Clarines.

De temperamento revolucionario como su padre, y como este, carpintero de ribera, ebanista y santero – su primera ocupación – , terrateniente, ganadero, reconocido caudillo de la Cuenca del Unare durante casi cuatro décadas, fue, en su tiempo, el más importante personaje que tuvo Clarines.

Juan Cancio González nació en Clarines el año 1.831, en una casa grande, de paredes altas, techada de tejas, ubicada en la Loma del Viento, cerca de la Iglesia, frente al antiguo camino que baja hacia el río (1). Hijo del español – Mahonés – don Gabriel González Cánovas y María Rojas – conocida generalmente por Mariquita Rojas – de una familia de pintores, escultores y músicos que procedentes de Cumaná se estableció en Clarines mucho antes del 1.821, cuando comenzó el renacimiento del pueblo terminada la guerra de independencia (2).

Don Gabriel González además de ser carpintero de ribera, ebanista y santero, conocía cierta técnica para gravar telas y lienzos con dibujos, muy en boga en su tiempo. Amante de la cacería y experto tirador como era, inició a sus hijos en estos deportes, por el cual sintieron verdadera predilección. Los inició también en la profesión que conocía y lo logró de la manera más sencilla: desde pequeños, sus hijos fueron sus ayudantes en todas las tareas que el realizaba, así, con el transcurso del tiempo, los conocimientos y la habilidad del padre fueron patrimonio de de sus hijos. Don Gabriel González barcos y chalanas que navegaron por el río Unare, y lo mismo hizo su hijo Juan Cancio, pero los González no eran los únicos carpinteros de ribera. Vivía entonces en Clarines don Cándido Rojas – casado con Lucía Zerpa – quién tenía la misma profesión. A el se atribuye la construcción de la balandra “Constitución”, de mucho renombre en aquel tiempo por sus notables condiciones marineras. En esas embarcaciones se efectuaba el comercio de cabotaje, en aquellos tiempos muy activo entre la Guayra y el puerto fluvial de Clarines.

Cancio González, como lo llamaban sus paisanos, fue en su juventud amansador y arrendador de bestias, un trabajo peligroso y difícil, y de mucho riesgo, porque requería de coraje y habilidad por parte del jinete. De hecho, este hombre se preparó desde muy joven para enfrentar las contingencias del medio donde vivió.

Cancio González fue dueño de extensas propiedades: el terreno Cambural, en jurisdicción de San Lorenzo, Distrito Cagigal, donde tuvo un hato, los terrenos de las fuentes termales de Aguas Calientes (3) y El Destino, en el Distrito Peñalver, donde tenía otro hato, cañaverales y un alambique; los terrenos que compró a la nación en Maracual, en jurisdicción de Guanape; el hato Cautaro, a orillas del río Unare, al sur de Clarines, entre la Cruz de Belén y Maparaca, donde siempre tuvo ganado, casa y corrales; otra casa ubicada en la población de Clarines, frente a la calle San Antonio, donde tenía una desmotadora de algodón; la hacienda Araguita – comprada a Gregorio Hernández – , ubicada en jurisdicción del Distrito Bolívar, donde tenía sembradíos de caña, un trapiche y se producía papelón durante todo el año. En Barcelona, al final de la calle Bolívar, frente al cementerio, tenía una casa grande, techada de tejas, con un largo corredor hacia el frente. En Araguita, el General Cancio González vivió con Eleuteria Guerra, en quien tuvo un hijo: Hermógenes Guerra, nacido en Caigua el 19 de abril de 1.892. En Araguita se alzó, ese año, con la gente que llevó a San Mateo

“Cancio González era pequeño de estatura – cintura de mono – , es decir, muy delgado” – nos dijo hace años en Clarines doña Carmelita Portillo, que lo conoció personalmente. – “Hombre de mucha calma, de andar despacio y siempre con las manos en la espalda. Pocas y raras veces veía la cara a las personas con quien hablaba, y si lo hacía no lo miraba de frente sino de medio lado. Hablaba muy poco. Al General Cancio González siempre lo vi usando el uniforme de campaña: un traje completo de color oscuro, corbata y un chalequito “mujo”, quiere decir marrón oscuro, y botas de montar, altas, con espuelas. ¿Qué como era?. Era un hombre serio, que infundía respeto. Amargo, malicioso, muy jodío. Tenía que se malo. Se jefe no es cualquier cosa”. Esa era la impresión que tenía de el doña Carmelita, que dicho sea de paso, era vecina suya.

Don Genaro Alen, nativo de Caigua, vivió los últimos años de su vida en Clarines, dedicado al comercio. Cuando supimos que había conocido personalmente al General Cancio González fuimos en su búsqueda. Interesados en conocer un poco más de la vida de este hombre, por quien sentimos desde muchachos tanta curiosidad. – “Sí, yo conocí bastante al General Cancio González. Siendo muy joven serví bajo su mando. Todavía lo recuerdo: muy estricto, muy exigente con el servicio. No lo vi reír nunca. Dormía dondequiera, pero no amanecía donde se acostaba. Al salir en campaña, a todos los soldados nos hacía cortar el pelo al ras del cuero cabelludo. A ninguno se nos permitía dejarnos unas mechas, y lo cierto es que toditos quedábamos como una manada de loros pichones. Peleábamos desnudos en los asaltos que se daban en noches oscuras y esto tiene su explicación: al estirar el brazo izquierdo, si tocábamos los cabellos del contrario, o un trapito – generalmente la franela – descargábamos sobre él el machete. Entre nosotros no había uno solo que aceptara de buena gana la guardia de centinela, por los caminos o veredas por donde se podía llegar al campamento. Todos sabíamos que el General Cancio González esperaba hasta la media noche o las horas de la alta madrugada para visitar el puesto, con el mayor sigilo, para ver si estábamos alerta. Se decía que él mismo pasaba por las armas, por su propia mano, al que encontrara desprevenido, o lo que es peor, durmiendo”.

Juan Cancio González comenzó sus campañas a los catorce años. Simón Campos, a quien – por mal nombre – llamaban en Clarines Bola e´ Chivo, fue su asistente, mientras vivió. Don José Gregorio Portillo, uno de sus mejores biógrafos, comenzó a servir con él desde muy temprana edad. “Yo no había acabado de crecer; tendría entre doce y trece años” – nos dijo (4). – “Era el cajero, el que tocaba la caja, que ahora llaman redoblante. En ese trabajo sustituí a Guaron, por mal nombre porque por el bueno se llamaba Pedro Valderrama – padre de Atanasio Guarapana – que fue cajero y furruquero en Clarines, en tiempos de la revolución de Los Azules. Guaron estaba ya muy viejo y no aguantaba las marchas a que el General Cancio González sometía, casi a diario, a los hombres que formábamos su ejército (5). Ese ejército se componía de campesinos de la cuenca del Unare, en su mayoría trabajadores suyos, peones y mayordomos de sus hatos y haciendas y fluctuaba entre trescientos y quinientos hombres, bien entrenados. El soldado recibía su ración de carne cruda – más o menos una libra – y casabe. Como pago recibían dos y medio riales diarios, que era el jornal que se pagaba en aquel tiempo por tarea, a los trabajadores del campo. Entre la oficialidad que acompañaba al General Cancio González en sus campañas no faltaba su hermano Nicasio González Rojas, el Comandante José Mercedes Taza, Balbino Bolívar – su vitalicio mayordomo de Aguas Calientes (6) – , y Benito Chacín, que merece un comentario aparte (7).

La mayoría de los combates que tuvo el General Cancio González en la cuenca del Unare fueron contra las fuerzas comandadas por el General Braulio Yaguaracuto, vecino de Píritu, militante entonces del partido contrario, el liberal. Uno de los primeros encuentros fue en las inmediaciones del hato “El Jovito”, de Don Emilio Barrios Bustillos, ubicado entre el Morro de Unare y el río de este mismo nombre. Tanto Yaguaracuto como el General Cancio González habían salido de sus cuarteles para recoger unas reses destinadas al mantenimiento de la tropa, y allí, en esa meseta limitada al norte por el caño que con las aguas del río llena la laguna de Unare, se batieron. Nicasio González quedó maltrecho en la pelea a consecuencia de golpes y contusiones. Otros heridos de consideración fueron José María Medina – padre de Máximo Cumache – y el comandante José Mercedes Taza, que fue herido en una pierna y en la espalda.

En la pelea de “El Jovito” ninguno de los contendores quedó satisfecho y algo se dijeron porque al regresar las tropas del General Cancio González a sus cuarteles de Clarines comenzaron éstos a preparar el escenario para el próximo encuentro: en Cautaro. A la casa del hato la rodearon de empalizadas y trincheras. La primera de éstas cruzaba el camino real, en las cercanías de la Cruz de Belén. Allí dejó el General Cancio González a su segundo en el mando, el General Jesús María García; pero este, llegado el momento del ataque, horrorizado ante la horda de desalmados que se le venía encima, mandó al corneta que tocara retirada y abandonó el puesto. Era medianoche y el río Unare, fuera de su cauce, estaba botado. ¡Oye! – dijo Benita – hija del General Cancio González – Esa es la corneta de papá y está tocando retirada. – Papá va en derrota, vámonos!. La familia, Doña Josefa María Portillo, sus hijas y las mujeres del servicio, recogieron del altar los santos, un antiguo candelabro de bronce y una caja de velas, y a paso apresurado caminaron hacia la esquina del corral de ordeño, de donde salía el camino para Boca de Guaribe. No se les ocurrió llevar mas nada (8). Después de tres días, cuando la familia volvió, encontró en la casa varios hombres heridos y en las paredes huellas de manos llenas de sangre. Saquearon la casa. Las piezas de tela que no se llevaron las destrozaron. En la troja, sobre el fogón de la cocina, no dejaron ni una mazorca de maíz, ni una sola maraca de frijoles, ni un solo grano de sal. Todo lo que representaba algún valor se lo llevaron. Ese fue el botín de guerra que llevó el General Braulio Yaguaracuto (9).

En 1.870 la Guerra Federal se hallaba encendida en varios puntos de la República, pero la atención general se fijaba en la región de Occidente, donde dos ejércitos contendores evolucionaban buscando las mejores posiciones para lograr la victoria. En Oriente abundaban las guerrillas y en ellas participaban incluso comerciantes establecidos – hombres mayores – que ninguna experiencia tenían sobre movimientos armados. Había entonces dos partidos que se disputaban el mando: conservadores y liberales. El 14 de agosto de 1.870 se encontraron a la entrada de la población de Clarines las fuerzas liberales comandadas por el barcelonés General Rafael Adrián hijo, con las conservadoras al mando del General Juan Cancio González, quien fue vencido. En poder del vencedor quedaron varios prisioneros, entre ellos el General Manuel Ávila Salazar, – nativo de Píritu, comerciante establecido en Clarines, donde era dueño además, del hato Tapiar, a orillas del río Unare, – y los comandantes Bartolo Perdomo, José Francisco López y Vicente González. En el campo quedaron 25 muertos entre oficiales y tropa (10).

Pasados poco mas de dos meses Braulio Yaguaracuto mandó un hombre de los suyos a Clarines, con un mensaje: – Dígale al General Cancio González – que ocupaba militarmente Clarines, – que desocupe la plaza porque yo, Yaguaracuto, voy a ir a tomarla”. El General Cancio González no esperó un segundo aviso. Se retiró con sus hombres a las montañas de las Calcetas del Bagre y dejó que transcurrieran tres meses hasta tanto los contrarios ignoraran completamente su paradero. El 12 de enero de 1.871, con el convencimiento pleno de que Yaguaracuto no lo esperaba, el General Cancio González lo atacó a media noche, dentro de la iglesia. La noche estaba oscura. Entre los primeros que entraron estaba Demetrio Acuña, que fue macheteado. Durante toda su vida llevó las cicatrices, en el cuello y en los brazos se le veían las marcas. Benito Chacín, (a) Conejo, que iba detrás de él, recibió un balazo en una pierna, que lo tumbó. Arrastrándose salió de la iglesia, atravesó la plaza y, gateando, siguió hasta la quebrada situada en el bajo de Casilda, a mano derecha, bajando por el antiguo camino hacia el río. Allí pasó tres días, le cayó gusano; pero se salvó, solo quedó cojo. Esa noche, palmo a palmo, los combatientes se disputaron el terreno. Entre las filas del contrario el General Cancio González se encontró esa noche con un amigo y compadre suyo, quien al reconocerlo le gritó: – ¡ Compadre!, no me tire , estoy rendido!” y el temible guerrillero levantando el machete le contestó: – “Yo no vine a rendir sino a mermar”…y le quitó la cabeza. La sangre en el sagrado recinto daba al tobillo. En esa acción hubo, entre ambos bandos, más de un centenar de muertos, entre ellos el General José Antonio Chacín y el Comandante Vilca (11). La pelea, que duró hasta el amanecer, fue la más encarnizada y sangrienta acción de guerra que ha tenido Clarines durante toda su historia. El General Cancio González logró una completa derrota sobre las fuerzas del temible piriteño, el “Onza” de los Yaguaracuto, según el decir popular, quien desde ese día lo bautizó con el sobrenombre de “Baquirito”. A pie tuvo que irse Yaguaracuto rumbo a sus cuarteles de Píritu. Su bestia de silla, un macho negro, lo dejó esa noche en la iglesia, amarrado del pilar del púlpito.

El General Cancio González, con el pequeño ejército que comandó en la cuenca del Unare, tomó parte en acciones militares en la islas de Margarita. Una correspondencia del General José Antonio Velutini para el General Joaquín Crespo, así lo demuestra. El 22 de junio de 1.885 estalló en Carúpano la revolución acaudillada por el General Venancio Pulgar y, para hacerle frente, el General Joaquín Crespo – presidente de la República – declaró en comisión, en resguardo del orden público, a los Generales Barret de Nazaris y José Antonio Velutini. Y es este quien moviliza, desde Clarines, al General Cancio González, quien aparece el 13 de julio en las acciones de Porlamar y La Asunción.
“La Asunción: 13 de julio de 1.885. Señor General Joaquín Crespo. Ayer ocupé a Porlamar y dos horas después de tomar posesión y pacificada la plaza, fui atacado por el enemigo en número de 700 hombres. Cuatrocientos de los nuestros bastaron para rechazar el ataque, y en la persecución que les hice ocupé las buenas posiciones que tenían camino de La Asunción. En esta acción se distinguieron Márquez, Romero, Bartolomé Ferrer, Meneses, Guzmán y Cancio González. José Antonio Velutini.”

Después de la pelea de la iglesia el General el General Cancio González dispuso de un largo período de tiempo, que aprovechó para dedicarse al fomento de sus hatos y haciendas. Consecuente con ese propósito había pedido al comercio de la Guayra un alambique para la hacienda El Destino, y como ya la caña estaba a punto de molienda y ese aparato de destilación había llegado a Puerto Píritu, al recibir el aviso salió para allá dispuesto a recibirlo.

Los terrenos de la hacienda El Destino quedan a orillas de la laguna de Unare, al pie de la serranía de Aguas Calientes, y, para ir desde allí a Puerto Píritu hay que venir, costeando la laguna, hasta el antiguo caserío Chávez, seguir hasta Boca de Uchire y de allí en adelante el camino es por la misma orilla del mar, es decir por la playa. Y esa fue la vía que tomó el General Cancio González. Llegó al poblado de El Hatillo y no se detuvo. Un poco más adelante, en Boca de Unare, vivía Don Pancho Rojas, su pariente, pero tampoco quiso detenerse. Eran cerca de las diez de la mañana cuando ve venir, por el mismo camino, un hombre en bestia. A poco se reconocieron y cuando uno llegó frente al otro, el General González lo alertó y revólver en mano le dijo: – “Aquí es donde usted, Braulio Yaguaracuto, me va a entregar mi mula. Usted me mata a mi o yo lo mato a usted. Yaguaracuto se apeó, desensilló la mula, se montó la silla en el hombro y regresó a pie por el mismo camino que traía. Cancio González llegó a Píritu con su mula arrebiatada. Hacían casi dos años que Yaguaracuto tenía esa bestia, desde la noche del asalto al Hato Cautaro, cuando la encontró suelta, en uno de los corrales inmediatos a la casa. El General Cancio González la había mandado a pedir varias veces; pero Braulio Yaguaracuto se había negado a devolverla.

La última Campaña

A mediados de noviembre de 1.892 salió de Clarines, en campaña, el General Juan Cancio González. Durante toda su actuación es la primera vez que sale escaso de tropa, de oficiales y de parque. Como oficial lo acompaña José Andrés López, con experiencia en la guerra de guerrillas. El General Felipe Martínez – natural de San Lorenzo, General de Brigada, con despacho firmado por Joaquín Crespo – , residenciado entonces en Clarines, ha querido acompañarlo; pero resulta algo providencial que lo salva: ya en camino a San Mateo, llegando a El Carito, los alcanza un posta que se mandó para avisarle que su hija Narcisa estaba grave. Por eso Don Felipe Martínez no se encontró en la pelea de San Mateo. El General Cancio González había sido llamado con urgencia por su compadre el General José Antonio Velutini, de acuerdo con el General Manuel Guzmán Álvarez, que disponía de abundante parque y de suficientes elementos de tropa; y aunque ambos Generales se entrevistaron en San Mateo, no se coordinó bien la acción. Se ha dicho repetidas veces que esa acción de San Mateo fue una temeridad. Y eso fue, realmente: un hecho de armas realizado sin ninguna razón de ser, sin nada que lo justifique.

Ese 23 de noviembre de 1.892, después de recibir por tres veces, al mensajero del General Braulio Yaguaracuto, invitando al General Cancio González a una entrevista, comenzaron los fuegos aproximadamente a las 9 am. Las descargas se efectuaban de trinchera a trinchera. No hubo otro enfrentamiento. A mediodía el General Pedro Rodríguez ya se había retirado y acabado el parque salía el General Cancio González y José Andrés López fuera de la iglesia, cuando, deteniéndose de repente, dijo: – “Cancio González no ha huido nunca. Vamos a aguantarnos; vamos a pelía una hora más”, a lo que contestó su compañero José Andrés López: – “Pero General, vamos a retirarnos mas bien!, – nos van a matar como unos pendejos!, – No tenemos gente!, – Vámonos! Y, paso a paso se encaminaron a unos cujíes, en medio del ruido de las descargas, cuando fue alcanzado José Andrés López. Caía este y al ir a agarrarlo Cancio González recibió un balazo en la frente, hacia un ojo, que lo dejó muerto en el acto. Les faltó prudencia, buen juicio. ¿Cuál sería la razón para que expusieran así sus vidas?. La verdad simple y sencilla, la supimos muchos años después en San Mateo: el General Cancio González y muchos de sus hombres estaban borrachos. Desde que terminaron de cavar las trincheras, el día anterior, comenzaron a tomar aguardiente y esa noche nadie durmió. El día de la pelea a los soldados se les daba ron revuelto con pólvora. Uno de sus hombres le preguntó al General Cancio González si él creía que vendría Yaguaracuto, y el le contestó: – “Deja que venga. Yo se que él es guapo, pero lo voy a esperá pa pisalo con las patas de los caballos, porque yo lo he peleado otras veces”.

El General Eleuterio García, conocido generalmente por Platero (12) – un negro alto, buen jinete, natural de los altos de Santa Fe, fue el que vino a pelear al General Cancio González. Trajo 300 hombres, y su contendor sólo tenía 60, y casi sin parque porque el General Manuel Guzmán Álvarez, sorpresivamente y sin previo aviso, levantó campamento con sus hombres…para irse a su hacienda Hato Viejo.

El día de la pelea los pobladores de San Mateo no abrieron las puertas de sus casas, con la sola excepción del señor Carlos Celta, italiano, que en tiempos de revueltas ponía en la puerta de su establecimiento comercial una bandera italiana. En esa casa se refugiaban los contendores de uno y otro bando que por estar heridos o enfermos tenían que abandonar sus filas. Petra Méndez hacía de centinela y ordenanza en la casa del italiano. Era negra y vivió mas de 100 años.

En la trinchera donde enterraron esa tarde al General Cancio González, al lado derecho de la iglesia, enterraron cinco cuerpos, – uno de ellos el de José Andrés López- , a él lo colocaron a los pies. Vivió 61 años y nadie, en la cuenca del Unare, – transcurrido un siglo de su tránsito – has suplido la falta de este hombre de recia y vigorosa personalidad.

Hermanos González Aragort, descendientes de
Cancio González y a quienes el autor dedica este escrito.

Notas del autor:

  1. Era una casa muy hermosa y sólidamente construida. Aunque sus paredes eran de bahareque, durante más de un siglo resistió los embates del tiempo. Fallecido su primitivo dueño, la casa pasó a ser de su hijo Nicasio González Rojas – hermano del General Juan Cancio – quien formó allí su familia casado con Carmen Calma, hija de Antonio Calma y Andrea Torres. Fueron padres de siete hijos, los González Calma, quienes dieron origen a otros grupos familiares.
  2. Gabriel González Cánovas era hijo de don Gabriel González Serra y Catalina Cánovas Quintana, todos naturales de Mahón, en el archipiélago de las Baleares. Esta ciudad está situada al este de la isla de Menorca y es la capital. Mahón es puerto natural, el mejor resguardado de las Baleares. Los González – una familia distinguida – fueron militares que durante varias generaciones sirvieron en la guarnición del Castillo de San Felipe, en Mahón. El 10 de octubre de 1.811, Gabriel González se encontraba en Barcelona. Ese día firma, conjuntamente con los patriotas barceloneses el acta o pronunciamiento a favor de la independencia.
  3. El terreno de Aguas Calientes lo adquirió el General Juan Cancio González y posteriormente vendió una parte, reservándose una superficie de media legua, de la que hoy son propietarios sus herederos.
  4. En Clarines, el 16 de julio de 1.946, nos habló Don José Gregorio Portillo del General Cancio González, por cuya memoria sentía una gran veneración y respeto – “Recuerdo entre otras cosas, lo que más me impresionó el día de la pelea de San Mateo. – Nosotros nos encontrábamos en las trincheras que habíamos hecho alrededor de la iglesia, y allí se presentó – con una bandera blanca – uno de los oficiales del General Braulio Yaguaracuto, con un mensaje – “Mi General desea tener una entrevista con usted, General González, y por eso lo manda a llamar”. – dijo dirigiéndose al General Cancio González. – “Si es el quien desea hablar conmigo, dígale que venga hasta mi campamento, que aquí lo espero”, pero el otro no fue. – “Tres veces vino el emisario; pero ni el General Pedro Rodríguez, ni el Coronel José Andrés López, que estaban a su lado, les pareció que debía ir.”
  5. Pedro Valderrama (a) Guaron, fue el padre de Atanasio Guarapana, una familia que durante varias generaciones vivió en Lomas del Viento, detrás de la iglesia. Atanasio recibió como herencia la caja que fue de su padre, así como el oficio de cajero y furruquero que desempeñó durante toda su vida, en las inolvidables navidades de un Clarines que desapareció.
  6. El Comandante Balbino Bolívar, nativo de Valle de la Pascua, donde nació en 1.831, fue el fundador de este apellido que por muchos años vivió en Aguas Calientes. Tradiciones de familia señalan que Balbino Bolívar entró 16 años a la guerra, de la que hizo su profesión. Tomó parte activa en la Guerra Federal, al lado del General Cancio González, de quien era muy apreciado por su arrojo y lealtad.
  7. De Benito Chacín, su lugarteniente, se decía que había sido oficial en la Guerra de Independencia. Era el hombre de mayor edad entre todos los que acompañaban al General Cancio González en sus actividades bélicas. De gran experiencia, arriesgado y valiente, gozaba del privilegio de asistir a una pelea o un asalto cuando se le mandaba algún aviso solicitando su colaboración. Entonces era el primero en llegar. Era un hombre blanco, bajito, muy simpático, muy chusco – humorístico – queremos decir. Lo llamaban conejo, por mal nombre. Vivía solo en un rancho que construyó en El Peine, en terrenos de Tramojo, al sur de Clarines, cerca de la laguna de Chocopire, donde tenía un cambural. Allí falleció casi centenario.
  8. Martín Méndez, un campesino residente en el vecindario Tramojo, al sur de Clarines, mientras pescaba en el río Unare, frente al paso real de Boca de Guaribe, encontró enterrado en la arena un candelabro de bronce, que, por deducciones, calculamos que sería el mismo que llevaba la familia del General Cancio González cuando temerosos atravesaban en canoa el Unare, huyendo del ataque de Yaguaracuto al hato Cautaro.
  9. Hizo lo mismo que el General Martín A. Marcano cuando ocupó militarmente a Guanape, comenzando el presente siglo.
  10. Historia Contemporánea de Venezuela, del Dr. Francisco González Guinan, Tomo IX, Capítulo XIV, Página 377. Edición de la Presidencia de la República.
  11. En la década del 1.935 al 45, cuando se trataba de enterrar en la calle San Antonio, la primera tubería para el acueducto de Clarines, sorpresivamente el personal obrero que abría la zanja, se encontró con una trinchera como de 50 mts de largo, llena de cadáveres, que por su posición – unos sobre otros – parecían haber sido tirados allí de cualquier manera. La noticia corrió como pólvora: Era impresionante!. Don Emilio Chivico y Don Pedro Martínez Valladares, que vivían cerca, ante la novedad, fueron a ver el compacto montón de huesos, y opinaron que esos fueron los muertos de la pelea de la iglesia en 1.871, cuando Cancio González derrotó a Braulio Yaguaracuto.
  12. El General Eleuterio García (a) Platero, usaba plata en su dentadura y en las charnelas y adornos del freno de su bestia, de allí el motivo del apodo. Al General Platero lo mataron frente a la puerta del cementerio, en San Mateo, de un balazo en la frente. Iba en bestia, en retirada…en días de semana santa – jueves o viernes santo – algunos vecinos oyen a medianoche el relincho y el ruido de las charnelas del caballo de Eleuterio García, frente al cementerio de San Mateo. Antonio Tononi, Chucho Rodríguez y el viejo Manche Núñez, conocen esta historia. Información del profesor Carlos Alfaro Celta, en Barcelona, 1ro de marzo de 1.977.

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El General Juan Cancio González Rojas

Con mucho orgullo, transcribo a continuación un artículo del escritor Rafael Armas Alfonzo, doblemente emocionados, la primera, esta es una obra inédita de este escritor, nunca antes publicada y la cual nos fue enviada por el cronista oficial de Clarines y gran colaborador de este blog: Álvaro Armas Bellorin, hijo del autor. La segunda, soy descendiente directo del General Cancio González, y durante muchos años busque información sobre este ancestro, del que escuchaba hablar de joven a los abuelos, búsquedas que siempre fueron infructuosas, solamente había conseguido una foto, de una calle de Clarines, que lleva su nombre. Hoy ya puedo decir, con mucha certeza, que me siento complacido de llevar su apellido y de ser su descendiente.

En la región que abarcamos en nuestro estudio en este blog, existen muchos descendientes del General Juan Cancio González, y de su padre Gabriel González Cánovas, como siempre acostumbramos, pueden hacer clic en el nombre de ellos, para enlazar con el árbol, donde pueden verlos.

Otro dato importante, para sus descendientes, es que el cadáver de Juan Cancio González fue exhumado dos veces, la primera de la Iglesia de San Mateo, para llevarlo al cementerio de Barcelona y de allí, para llevarlo a la Iglesia de Clarines, donde reposan hoy sus restos mortales, a un costado del Altar Mayor.

El General Juan Cancio González Rojas

A los hermanos González Aragort, en San José de Guaribe

Rafael Armas Alfonzo

Por la puerta grande de la tradición entra el General Juan Cancio González en la historia de Clarines.

De temperamento revolucionario como su padre, y como este, carpintero de ribera, ebanista y santero – su primera ocupación – , terrateniente, ganadero, reconocido caudillo de la Cuenca del Unare durante casi cuatro décadas, fue, en su tiempo, el más importante personaje que tuvo Clarines.

Juan Cancio González nació en Clarines el año 1.831, en una casa grande, de paredes altas, techada de tejas, ubicada en la Loma del Viento, cerca de la Iglesia, frente al antiguo camino que baja hacia el río (1). Hijo del español – Mahonés – don Gabriel González Cánovas y María Rojas – conocida generalmente por Mariquita Rojas – de una familia de pintores, escultores y músicos que procedentes de Cumaná se estableció en Clarines mucho antes del 1.821, cuando comenzó el renacimiento del pueblo terminada la guerra de independencia (2).

Don Gabriel González además de ser carpintero de ribera, ebanista y santero, conocía cierta técnica para gravar telas y lienzos con dibujos, muy en boga en su tiempo. Amante de la cacería y experto tirador como era, inició a sus hijos en estos deportes, por el cual sintieron verdadera predilección. Los inició también en la profesión que conocía y lo logró de la manera más sencilla: desde pequeños, sus hijos fueron sus ayudantes en todas las tareas que el realizaba, así, con el transcurso del tiempo, los conocimientos y la habilidad del padre fueron patrimonio de de sus hijos. Don Gabriel González barcos y chalanas que navegaron por el río Unare, y lo mismo hizo su hijo Juan Cancio, pero los González no eran los únicos carpinteros de ribera. Vivía entonces en Clarines don Cándido Rojas – casado con Lucía Zerpa – quién tenía la misma profesión. A el se atribuye la construcción de la balandra “Constitución”, de mucho renombre en aquel tiempo por sus notables condiciones marineras. En esas embarcaciones se efectuaba el comercio de cabotaje, en aquellos tiempos muy activo entre la Guayra y el puerto fluvial de Clarines.

Cancio González, como lo llamaban sus paisanos, fue en su juventud amansador y arrendador de bestias, un trabajo peligroso y difícil, y de mucho riesgo, porque requería de coraje y habilidad por parte del jinete. De hecho, este hombre se preparó desde muy joven para enfrentar las contingencias del medio donde vivió.

Cancio González fue dueño de extensas propiedades: el terreno Cambural, en jurisdicción de San Lorenzo, Distrito Cagigal, donde tuvo un hato, los terrenos de las fuentes termales de Aguas Calientes (3) y El Destino, en el Distrito Peñalver, donde tenía otro hato, cañaverales y un alambique; los terrenos que compró a la nación en Maracual, en jurisdicción de Guanape; el hato Cautaro, a orillas del río Unare, al sur de Clarines, entre la Cruz de Belén y Maparaca, donde siempre tuvo ganado, casa y corrales; otra casa ubicada en la población de Clarines, frente a la calle San Antonio, donde tenía una desmotadora de algodón; la hacienda Araguita – comprada a Gregorio Hernández – , ubicada en jurisdicción del Distrito Bolívar, donde tenía sembradíos de caña, un trapiche y se producía papelón durante todo el año. En Barcelona, al final de la calle Bolívar, frente al cementerio, tenía una casa grande, techada de tejas, con un largo corredor hacia el frente. En Araguita, el General Cancio González vivió con Eleuteria Guerra, en quien tuvo un hijo: Hermógenes Guerra, nacido en Caigua el 19 de abril de 1.892. En Araguita se alzó, ese año, con la gente que llevó a San Mateo

“Cancio González era pequeño de estatura – cintura de mono – , es decir, muy delgado” – nos dijo hace años en Clarines doña Carmelita Portillo, que lo conoció personalmente. – “Hombre de mucha calma, de andar despacio y siempre con las manos en la espalda. Pocas y raras veces veía la cara a las personas con quien hablaba, y si lo hacía no lo miraba de frente sino de medio lado. Hablaba muy poco. Al General Cancio González siempre lo vi usando el uniforme de campaña: un traje completo de color oscuro, corbata y un chalequito “mujo”, quiere decir marrón oscuro, y botas de montar, altas, con espuelas. ¿Qué como era?. Era un hombre serio, que infundía respeto. Amargo, malicioso, muy jodío. Tenía que se malo. Se jefe no es cualquier cosa”. Esa era la impresión que tenía de el doña Carmelita, que dicho sea de paso, era vecina suya.

Don Genaro Alen, nativo de Caigua, vivió los últimos años de su vida en Clarines, dedicado al comercio. Cuando supimos que había conocido personalmente al General Cancio González fuimos en su búsqueda. Interesados en conocer un poco más de la vida de este hombre, por quien sentimos desde muchachos tanta curiosidad. – “Sí, yo conocí bastante al General Cancio González. Siendo muy joven serví bajo su mando. Todavía lo recuerdo: muy estricto, muy exigente con el servicio. No lo vi reír nunca. Dormía dondequiera, pero no amanecía donde se acostaba. Al salir en campaña, a todos los soldados nos hacía cortar el pelo al ras del cuero cabelludo. A ninguno se nos permitía dejarnos unas mechas, y lo cierto es que toditos quedábamos como una manada de loros pichones. Peleábamos desnudos en los asaltos que se daban en noches oscuras y esto tiene su explicación: al estirar el brazo izquierdo, si tocábamos los cabellos del contrario, o un trapito – generalmente la franela – descargábamos sobre él el machete. Entre nosotros no había uno solo que aceptara de buena gana la guardia de centinela, por los caminos o veredas por donde se podía llegar al campamento. Todos sabíamos que el General Cancio González esperaba hasta la media noche o las horas de la alta madrugada para visitar el puesto, con el mayor sigilo, para ver si estábamos alerta. Se decía que él mismo pasaba por las armas, por su propia mano, al que encontrara desprevenido, o lo que es peor, durmiendo”.

Juan Cancio González comenzó sus campañas a los catorce años. Simón Campos, a quien – por mal nombre – llamaban en Clarines Bola e´ Chivo, fue su asistente, mientras vivió. Don José Gregorio Portillo, uno de sus mejores biógrafos, comenzó a servir con él desde muy temprana edad. “Yo no había acabado de crecer; tendría entre doce y trece años” – nos dijo (4). – “Era el cajero, el que tocaba la caja, que ahora llaman redoblante. En ese trabajo sustituí a Guaron, por mal nombre porque por el bueno se llamaba Pedro Valderrama – padre de Atanasio Guarapana – que fue cajero y furruquero en Clarines, en tiempos de la revolución de Los Azules. Guaron estaba ya muy viejo y no aguantaba las marchas a que el General Cancio González sometía, casi a diario, a los hombres que formábamos su ejército (5). Ese ejército se componía de campesinos de la cuenca del Unare, en su mayoría trabajadores suyos, peones y mayordomos de sus hatos y haciendas y fluctuaba entre trescientos y quinientos hombres, bien entrenados. El soldado recibía su ración de carne cruda – más o menos una libra – y casabe. Como pago recibían dos y medio riales diarios, que era el jornal que se pagaba en aquel tiempo por tarea, a los trabajadores del campo. Entre la oficialidad que acompañaba al General Cancio González en sus campañas no faltaba su hermano Nicasio González Rojas, el Comandante José Mercedes Taza, Balbino Bolívar – su vitalicio mayordomo de Aguas Calientes (6) – , y Benito Chacín, que merece un comentario aparte (7).

La mayoría de los combates que tuvo el General Cancio González en la cuenca del Unare fueron contra las fuerzas comandadas por el General Braulio Yaguaracuto, vecino de Píritu, militante entonces del partido contrario, el liberal. Uno de los primeros encuentros fue en las inmediaciones del hato “El Jovito”, de Don Emilio Barrios Bustillos, ubicado entre el Morro de Unare y el río de este mismo nombre. Tanto Yaguaracuto como el General Cancio González habían salido de sus cuarteles para recoger unas reses destinadas al mantenimiento de la tropa, y allí, en esa meseta limitada al norte por el caño que con las aguas del río llena la laguna de Unare, se batieron. Nicasio González quedó maltrecho en la pelea a consecuencia de golpes y contusiones. Otros heridos de consideración fueron José María Medina – padre de Máximo Cumache – y el comandante José Mercedes Taza, que fue herido en una pierna y en la espalda.

En la pelea de “El Jovito” ninguno de los contendores quedó satisfecho y algo se dijeron porque al regresar las tropas del General Cancio González a sus cuarteles de Clarines comenzaron éstos a preparar el escenario para el próximo encuentro: en Cautaro. A la casa del hato la rodearon de empalizadas y trincheras. La primera de éstas cruzaba el camino real, en las cercanías de la Cruz de Belén. Allí dejó el General Cancio González a su segundo en el mando, el General Jesús María García; pero este, llegado el momento del ataque, horrorizado ante la horda de desalmados que se le venía encima, mandó al corneta que tocara retirada y abandonó el puesto. Era medianoche y el río Unare, fuera de su cauce, estaba botado. ¡Oye! – dijo Benita – hija del General Cancio González – Esa es la corneta de papá y está tocando retirada. – Papá va en derrota, vámonos!. La familia, Doña Josefa María Portillo, sus hijas y las mujeres del servicio, recogieron del altar los santos, un antiguo candelabro de bronce y una caja de velas, y a paso apresurado caminaron hacia la esquina del corral de ordeño, de donde salía el camino para Boca de Guaribe. No se les ocurrió llevar mas nada (8). Después de tres días, cuando la familia volvió, encontró en la casa varios hombres heridos y en las paredes huellas de manos llenas de sangre. Saquearon la casa. Las piezas de tela que no se llevaron las destrozaron. En la troja, sobre el fogón de la cocina, no dejaron ni una mazorca de maíz, ni una sola maraca de frijoles, ni un solo grano de sal. Todo lo que representaba algún valor se lo llevaron. Ese fue el botín de guerra que llevó el General Braulio Yaguaracuto (9).

En 1.870 la Guerra Federal se hallaba encendida en varios puntos de la República, pero la atención general se fijaba en la región de Occidente, donde dos ejércitos contendores evolucionaban buscando las mejores posiciones para lograr la victoria. En Oriente abundaban las guerrillas y en ellas participaban incluso comerciantes establecidos – hombres mayores – que ninguna experiencia tenían sobre movimientos armados. Había entonces dos partidos que se disputaban el mando: conservadores y liberales. El 14 de agosto de 1.870 se encontraron a la entrada de la población de Clarines las fuerzas liberales comandadas por el barcelonés General Rafael Adrián hijo, con las conservadoras al mando del General Juan Cancio González, quien fue vencido. En poder del vencedor quedaron varios prisioneros, entre ellos el General Manuel Ávila Salazar, – nativo de Píritu, comerciante establecido en Clarines, donde era dueño además, del hato Tapiar, a orillas del río Unare, – y los comandantes Bartolo Perdomo, José Francisco López y Vicente González. En el campo quedaron 25 muertos entre oficiales y tropa (10).

Pasados poco mas de dos meses Braulio Yaguaracuto mandó un hombre de los suyos a Clarines, con un mensaje: – Dígale al General Cancio González – que ocupaba militarmente Clarines, – que desocupe la plaza porque yo, Yaguaracuto, voy a ir a tomarla”. El General Cancio González no esperó un segundo aviso. Se retiró con sus hombres a las montañas de las Calcetas del Bagre y dejó que transcurrieran tres meses hasta tanto los contrarios ignoraran completamente su paradero. El 12 de enero de 1.871, con el convencimiento pleno de que Yaguaracuto no lo esperaba, el General Cancio González lo atacó a media noche, dentro de la iglesia. La noche estaba oscura. Entre los primeros que entraron estaba Demetrio Acuña, que fue macheteado. Durante toda su vida llevó las cicatrices, en el cuello y en los brazos se le veían las marcas. Benito Chacín, (a) Conejo, que iba detrás de él, recibió un balazo en una pierna, que lo tumbó. Arrastrándose salió de la iglesia, atravesó la plaza y, gateando, siguió hasta la quebrada situada en el bajo de Casilda, a mano derecha, bajando por el antiguo camino hacia el río. Allí pasó tres días, le cayó gusano; pero se salvó, solo quedó cojo. Esa noche, palmo a palmo, los combatientes se disputaron el terreno. Entre las filas del contrario el General Cancio González se encontró esa noche con un amigo y compadre suyo, quien al reconocerlo le gritó: – ¡ Compadre!, no me tire , estoy rendido!” y el temible guerrillero levantando el machete le contestó: – “Yo no vine a rendir sino a mermar”…y le quitó la cabeza. La sangre en el sagrado recinto daba al tobillo. En esa acción hubo, entre ambos bandos, más de un centenar de muertos, entre ellos el General José Antonio Chacín y el Comandante Vilca (11). La pelea, que duró hasta el amanecer, fue la más encarnizada y sangrienta acción de guerra que ha tenido Clarines durante toda su historia. El General Cancio González logró una completa derrota sobre las fuerzas del temible piriteño, el “Onza” de los Yaguaracuto, según el decir popular, quien desde ese día lo bautizó con el sobrenombre de “Baquirito”. A pie tuvo que irse Yaguaracuto rumbo a sus cuarteles de Píritu. Su bestia de silla, un macho negro, lo dejó esa noche en la iglesia, amarrado del pilar del púlpito.

El General Cancio González, con el pequeño ejército que comandó en la cuenca del Unare, tomó parte en acciones militares en la islas de Margarita. Una correspondencia del General José Antonio Velutini para el General Joaquín Crespo, así lo demuestra. El 22 de junio de 1.885 estalló en Carúpano la revolución acaudillada por el General Venancio Pulgar y, para hacerle frente, el General Joaquín Crespo – presidente de la República – declaró en comisión, en resguardo del orden público, a los Generales Barret de Nazaris y José Antonio Velutini. Y es este quien moviliza, desde Clarines, al General Cancio González, quien aparece el 13 de julio en las acciones de Porlamar y La Asunción.
“La Asunción: 13 de julio de 1.885. Señor General Joaquín Crespo. Ayer ocupé a Porlamar y dos horas después de tomar posesión y pacificada la plaza, fui atacado por el enemigo en número de 700 hombres. Cuatrocientos de los nuestros bastaron para rechazar el ataque, y en la persecución que les hice ocupé las buenas posiciones que tenían camino de La Asunción. En esta acción se distinguieron Márquez, Romero, Bartolomé Ferrer, Meneses, Guzmán y Cancio González. José Antonio Velutini.”

Después de la pelea de la iglesia el General el General Cancio González dispuso de un largo período de tiempo, que aprovechó para dedicarse al fomento de sus hatos y haciendas. Consecuente con ese propósito había pedido al comercio de la Guayra un alambique para la hacienda El Destino, y como ya la caña estaba a punto de molienda y ese aparato de destilación había llegado a Puerto Píritu, al recibir el aviso salió para allá dispuesto a recibirlo.

Los terrenos de la hacienda El Destino quedan a orillas de la laguna de Unare, al pie de la serranía de Aguas Calientes, y, para ir desde allí a Puerto Píritu hay que venir, costeando la laguna, hasta el antiguo caserío Chávez, seguir hasta Boca de Uchire y de allí en adelante el camino es por la misma orilla del mar, es decir por la playa. Y esa fue la vía que tomó el General Cancio González. Llegó al poblado de El Hatillo y no se detuvo. Un poco más adelante, en Boca de Unare, vivía Don Pancho Rojas, su pariente, pero tampoco quiso detenerse. Eran cerca de las diez de la mañana cuando ve venir, por el mismo camino, un hombre en bestia. A poco se reconocieron y cuando uno llegó frente al otro, el General González lo alertó y revólver en mano le dijo: – “Aquí es donde usted, Braulio Yaguaracuto, me va a entregar mi mula. Usted me mata a mi o yo lo mato a usted. Yaguaracuto se apeó, desensilló la mula, se montó la silla en el hombro y regresó a pie por el mismo camino que traía. Cancio González llegó a Píritu con su mula arrebiatada. Hacían casi dos años que Yaguaracuto tenía esa bestia, desde la noche del asalto al Hato Cautaro, cuando la encontró suelta, en uno de los corrales inmediatos a la casa. El General Cancio González la había mandado a pedir varias veces; pero Braulio Yaguaracuto se había negado a devolverla.

La última Campaña


A mediados de noviembre de 1.892 salió de Clarines, en campaña, el General Juan Cancio González. Durante toda su actuación es la primera vez que sale escaso de tropa, de oficiales y de parque. Como oficial lo acompaña José Andrés López, con experiencia en la guerra de guerrillas. El General Felipe Martínez – natural de San Lorenzo, General de Brigada, con despacho firmado por Joaquín Crespo – , residenciado entonces en Clarines, ha querido acompañarlo; pero resulta algo providencial que lo salva: ya en camino a San Mateo, llegando a El Carito, los alcanza un posta que se mandó para avisarle que su hija Narcisa estaba grave. Por eso Don Felipe Martínez no se encontró en la pelea de San Mateo. El General Cancio González había sido llamado con urgencia por su compadre el General José Antonio Velutini, de acuerdo con el General Manuel Guzmán Álvarez, que disponía de abundante parque y de suficientes elementos de tropa; y aunque ambos Generales se entrevistaron en San Mateo, no se coordinó bien la acción. Se ha dicho repetidas veces que esa acción de San Mateo fue una temeridad. Y eso fue, realmente: un hecho de armas realizado sin ninguna razón de ser, sin nada que lo justifique.

Ese 23 de noviembre de 1.892, después de recibir por tres veces, al mensajero del General Braulio Yaguaracuto, invitando al General Cancio González a una entrevista, comenzaron los fuegos aproximadamente a las 9 am. Las descargas se efectuaban de trinchera a trinchera. No hubo otro enfrentamiento. A mediodía el General Pedro Rodríguez ya se había retirado y acabado el parque salía el General Cancio González y José Andrés López fuera de la iglesia, cuando, deteniéndose de repente, dijo: – “Cancio González no ha huido nunca. Vamos a aguantarnos; vamos a pelía una hora más”, a lo que contestó su compañero José Andrés López: – “Pero General, vamos a retirarnos mas bien!, – nos van a matar como unos pendejos!, – No tenemos gente!, – Vámonos! Y, paso a paso se encaminaron a unos cujíes, en medio del ruido de las descargas, cuando fue alcanzado José Andrés López. Caía este y al ir a agarrarlo Cancio González recibió un balazo en la frente, hacia un ojo, que lo dejó muerto en el acto. Les faltó prudencia, buen juicio. ¿Cuál sería la razón para que expusieran así sus vidas?. La verdad simple y sencilla, la supimos muchos años después en San Mateo: el General Cancio González y muchos de sus hombres estaban borrachos. Desde que terminaron de cavar las trincheras, el día anterior, comenzaron a tomar aguardiente y esa noche nadie durmió. El día de la pelea a los soldados se les daba ron revuelto con pólvora. Uno de sus hombres le preguntó al General Cancio González si él creía que vendría Yaguaracuto, y el le contestó: – “Deja que venga. Yo se que él es guapo, pero lo voy a esperá pa pisalo con las patas de los caballos, porque yo lo he peleado otras veces”.

El General Eleuterio García, conocido generalmente por Platero (12) – un negro alto, buen jinete, natural de los altos de Santa Fe, fue el que vino a pelear al General Cancio González. Trajo 300 hombres, y su contendor sólo tenía 60, y casi sin parque porque el General Manuel Guzmán Álvarez, sorpresivamente y sin previo aviso, levantó campamento con sus hombres…para irse a su hacienda Hato Viejo.

El día de la pelea los pobladores de San Mateo no abrieron las puertas de sus casas, con la sola excepción del señor Carlos Celta, italiano, que en tiempos de revueltas ponía en la puerta de su establecimiento comercial una bandera italiana. En esa casa se refugiaban los contendores de uno y otro bando que por estar heridos o enfermos tenían que abandonar sus filas. Petra Méndez hacía de centinela y ordenanza en la casa del italiano. Era negra y vivió mas de 100 años.

En la trinchera donde enterraron esa tarde al General Cancio González, al lado derecho de la iglesia, enterraron cinco cuerpos, – uno de ellos el de José Andrés López- , a él lo colocaron a los pies. Vivió 61 años y nadie, en la cuenca del Unare, – transcurrido un siglo de su tránsito – has suplido la falta de este hombre de recia y vigorosa personalidad.

Hermanos González Aragort, descendientes de
Cancio González y a quienes el autor dedica este escrito.

Notas del autor:

  1. Era una casa muy hermosa y sólidamente construida. Aunque sus paredes eran de bahareque, durante más de un siglo resistió los embates del tiempo. Fallecido su primitivo dueño, la casa pasó a ser de su hijo Nicasio González Rojas – hermano del General Juan Cancio – quien formó allí su familia casado con Carmen Calma, hija de Antonio Calma y Andrea Torres. Fueron padres de siete hijos, los González Calma, quienes dieron origen a otros grupos familiares.
  2. Gabriel González Cánovas era hijo de don Gabriel González Serra y Catalina Cánovas Quintana, todos naturales de Mahón, en el archipiélago de las Baleares. Esta ciudad está situada al este de la isla de Menorca y es la capital. Mahón es puerto natural, el mejor resguardado de las Baleares. Los González – una familia distinguida – fueron militares que durante varias generaciones sirvieron en la guarnición del Castillo de San Felipe, en Mahón. El 10 de octubre de 1.811, Gabriel González se encontraba en Barcelona. Ese día firma, conjuntamente con los patriotas barceloneses el acta o pronunciamiento a favor de la independencia.
  3. El terreno de Aguas Calientes lo adquirió el General Juan Cancio González y posteriormente vendió una parte, reservándose una superficie de media legua, de la que hoy son propietarios sus herederos.
  4. En Clarines, el 16 de julio de 1.946, nos habló Don José Gregorio Portillo del General Cancio González, por cuya memoria sentía una gran veneración y respeto – “Recuerdo entre otras cosas, lo que más me impresionó el día de la pelea de San Mateo. – Nosotros nos encontrábamos en las trincheras que habíamos hecho alrededor de la iglesia, y allí se presentó – con una bandera blanca – uno de los oficiales del General Braulio Yaguaracuto, con un mensaje – “Mi General desea tener una entrevista con usted, General González, y por eso lo manda a llamar”. – dijo dirigiéndose al General Cancio González. – “Si es el quien desea hablar conmigo, dígale que venga hasta mi campamento, que aquí lo espero”, pero el otro no fue. – “Tres veces vino el emisario; pero ni el General Pedro Rodríguez, ni el Coronel José Andrés López, que estaban a su lado, les pareció que debía ir.”
  5. Pedro Valderrama (a) Guaron, fue el padre de Atanasio Guarapana, una familia que durante varias generaciones vivió en Lomas del Viento, detrás de la iglesia. Atanasio recibió como herencia la caja que fue de su padre, así como el oficio de cajero y furruquero que desempeñó durante toda su vida, en las inolvidables navidades de un Clarines que desapareció.
  6. El Comandante Balbino Bolívar, nativo de Valle de la Pascua, donde nació en 1.831, fue el fundador de este apellido que por muchos años vivió en Aguas Calientes. Tradiciones de familia señalan que Balbino Bolívar entró 16 años a la guerra, de la que hizo su profesión. Tomó parte activa en la Guerra Federal, al lado del General Cancio González, de quien era muy apreciado por su arrojo y lealtad.
  7. De Benito Chacín, su lugarteniente, se decía que había sido oficial en la Guerra de Independencia. Era el hombre de mayor edad entre todos los que acompañaban al General Cancio González en sus actividades bélicas. De gran experiencia, arriesgado y valiente, gozaba del privilegio de asistir a una pelea o un asalto cuando se le mandaba algún aviso solicitando su colaboración. Entonces era el primero en llegar. Era un hombre blanco, bajito, muy simpático, muy chusco – humorístico – queremos decir. Lo llamaban conejo, por mal nombre. Vivía solo en un rancho que construyó en El Peine, en terrenos de Tramojo, al sur de Clarines, cerca de la laguna de Chocopire, donde tenía un cambural. Allí falleció casi centenario.
  8. Martín Méndez, un campesino residente en el vecindario Tramojo, al sur de Clarines, mientras pescaba en el río Unare, frente al paso real de Boca de Guaribe, encontró enterrado en la arena un candelabro de bronce, que, por deducciones, calculamos que sería el mismo que llevaba la familia del General Cancio González cuando temerosos atravesaban en canoa el Unare, huyendo del ataque de Yaguaracuto al hato Cautaro.
  9. Hizo lo mismo que el General Martín A. Marcano cuando ocupó militarmente a Guanape, comenzando el presente siglo.
  10. Historia Contemporánea de Venezuela, del Dr. Francisco González Guinan, Tomo IX, Capítulo XIV, Página 377. Edición de la Presidencia de la República.
  11. En la década del 1.935 al 45, cuando se trataba de enterrar en la calle San Antonio, la primera tubería para el acueducto de Clarines, sorpresivamente el personal obrero que abría la zanja, se encontró con una trinchera como de 50 mts de largo, llena de cadáveres, que por su posición – unos sobre otros – parecían haber sido tirados allí de cualquier manera. La noticia corrió como pólvora: Era impresionante!. Don Emilio Chivico y Don Pedro Martínez Valladares, que vivían cerca, ante la novedad, fueron a ver el compacto montón de huesos, y opinaron que esos fueron los muertos de la pelea de la iglesia en 1.871, cuando Cancio González derrotó a Braulio Yaguaracuto.
  12. El General Eleuterio García (a) Platero, usaba plata en su dentadura y en las charnelas y adornos del freno de su bestia, de allí el motivo del apodo. Al General Platero lo mataron frente a la puerta del cementerio, en San Mateo, de un balazo en la frente. Iba en bestia, en retirada…en días de semana santa – jueves o viernes santo – algunos vecinos oyen a medianoche el relincho y el ruido de las charnelas del caballo de Eleuterio García, frente al cementerio de San Mateo. Antonio Tononi, Chucho Rodríguez y el viejo Manche Núñez, conocen esta historia. Información del profesor Carlos Alfaro Celta, en Barcelona, 1ro de marzo de 1.977.

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