Archivo mensual: septiembre 2009

Jesús Rafael Saume Barrios (Chucho Saume)

Es para nosotros un inmenso orgullo presentarles a continuación, breve semblanza de uno de los hombres más relevantes en la historia contemporánea de Guanape, escrita por dos de sus más cercanos, dilectos y fraternales amigos: Alfredo Armas Alfonzo y el Dr. Juan Zeiden Álvarez. Ambas reseñas forman parte de las dos obras escritas por Jesús Rafael Saume Barrios, quién plasmó en ellas un hermoso legado de memorias nacidas en esta porción de la Cuenca del Unare y las filas del Uchire y, se han convertido en lectura de referencia obligada para quienes deseen conocer con mas detalles,  como transcurría la vida cotidiana de las gentes en este pueblo oriental.

Algo de Guanape

Jesús Saume Barrios

DEDICATORIA

a Sinforoso Macayo

memoria motivadora de este modesto trabajo

a Alfredo Armas Alfonzo

quién dijo las palabras de estímulo

a mis hijos

Como presentación

Dr. Juan Zeiden Álvarez

Mientras uno más vive, uno más ve, podría legítimamente pensar el lector de las páginas de este libro. En efecto, si su autor es un comerciante ajeno totalmente a cualquier actividad de tipo literario, como es posible que para su presentación, elija a una persona casi tan justamente lejana como él de esos menesteres. Cosas que se ven, seguirá pensando quién lea.

Escribir unas hojas y apretujarlas en forma de volumen, es una tarea tan ardua y delicada como que muchos empeñen toda su vida en ello sin lograr al final ni una discreta recompensa práctica, o estima. Pero no es la primera ni la última motivación de estas páginas ni metas prácticas ni estima; otros son los deseos, y he allí la razón por la cual el presentante acepto gustosamente participar en la aventura. De venir el elogio, de venir el estímulo, ha de ser por una vía común a todo buen venezolano: el amor a una tierra, a unas gentes, a un tiempo y a unas cosas cada día más distantes. Eso sí, perfectamente podemos asegurarlo.

Complica esta salvedad ¿quién es el autor?, quién es Saume? Nadie. Un venezolano común y corriente con medio siglo arriba, natural de Guanape, con el alma en Guanape y cuya última voluntad será la de ser enterrado en Guanape; un venezolano común y corriente a quién la escuela solo pudo enseñarle, quizás, hasta un cuarto grado malo; un venezolano común y corriente cuya vida ha tenido que ganarse con oficios comunes y corrientes; un venezolano que desde su negocio en la Avenida Bolívar de Maracay, gana el pan de sus hijos diariamente comprando a tanto y vendiendo a cuanto; un venezolano más, que come, calza, viste y tiene necesidades.

Pero Saume, amigo lector, para quienes de veras lo conocen, tiene como la luna, otra cara y esa es, a nuestro parecer, la auténtica, la genuina, la valedera. Fácil es descubrírsela. Vaya Ud. Un día a su comercio, háblele de algo de antes, por ejemplo de los muertos que salían en los caminos o de los juegos con que se divertían los muchachos, y a buen seguro que la clientela presente acusará, a poco, la incomodidad. Pues, si, por eso, porque él es uno de los tantos que por equivocación o necesidad no hace lo que debe estar haciendo; porque tiene el cuerpo en el negocio y la cabeza pensando quién sería el primero que hizo su casa en Las Varas, cuantas veces le roncó el tigre a Ramón Marapacuto, o quién diablos fue el primer capitán que derrotó a los Tomusas; porque vive sintiendo como pudo hacerse esto y no aquello por el bién de los montes, de los ríos, de las viejas casonas, porque vive soñando en el día en el cual, al fin, los humildes de Guanape satisfarán definitivamente la sed de justicia y de pan por tanto tiempo preterida. Ese es el Saume de sus amigos, el verdadero Saume, el hombre Jesús Saume.

El libro, por supuesto, dice lo que ya es de suponer que diga, y lo dice como es de suponer que debe hacerlo. Mas, falta algo por saber: fue hecho dándole pellizquitos al tiempo y un trompón soberano al propio bolsillo.

Algo fuera de lo común, se diría, pues, no puede ser para menos eso de estar un comerciante restándole tiempo a su comercio y dinero a sus haberes para dar a luz un libro. Con libros no se come, con libros no se gana dinero según se oye lo que se oye. Peor aún ¿un libro sobre Guanape? ¿Qué es Guanape?.

Guanape, amigo mío, le adelanto, es un pueblecito más de esta patria sin memoria, fundado no se sabe por quién, ni nadie sabe cuando, en la porción mas noroeste del Estado Anzoátegui. Fue lugar donde hubo población aborigen repartida en tribus de diverso nombre pero de igual coraje, al que regaba un río cuyo bien disfrutaban los Tomusas en la más pura inocencia. Fue un lugar de riqueza, de conquista y de sangre. Fue un lugar ni más ni menos igualito a tantos de la patria a los que la incuria y el nuevoriquismo han llenado de aceite, quemado sus montañas, destruido su historia y sus leyendas, secado sus aguas, etc., etc.

No se resigna el autor a mirar con ojos de tristeza y frustración lo que fue, o es, patrimonio espiritual suyo y de los suyos, sin tomar parte militante en la obra del señalamiento y el rescate de tanta hechura y cuestiones olvidadas. Así dio rienda suelta a la memoria para hilar esas evocaciones de gente y cosas, de costumbres, de sentimientos y de dramas, de todo lo que vio y oyó.

Guanape es pueblo padre. Hijos suyos dos magníficas poblaciones vecinas: Valle de Guanape y San José de Guaribe. Muchos son los descendientes de los tres pueblos que hay regados por toda la extensión de Venezuela. Lo menos que podemos pedirles, especialmente a ellos, es que lean el libro, no con ojos de chismoso aldeano, sino con la mirada curiosa a que invita el origen, pero a la vez fecunda, a que obliga el amor.

Sucesión de Jesús R. Saume Barrios

—————————————————————————————————————————————-

Silleta   de   cuero

Jesús Saume Barrios

BREVE EXPLICACION

La historia menuda, los grandes acontecimientos, las murmuraciones, las pequeñas y grandes transacciones mercantiles, el noviazgo, el matrimonio, el compadrazgo, la conspiración política, los cambios de jefes civiles, de jueces y policías; lo sucedido en las fiestas patronales y en las galleras, las crecidas del río, lo bueno o lo malo de los inviernos y de las cosechas, las bondades curativas de algunas plantas, la gravedad y muerte de alguien, y todo lo que había que decir y escuchar, se dijo y se escuchó en una silleta de cuero reclinada en el marco de una puerta de cualquiera de los pueblos de Venezuela adentro; así por lo menos sucedió en Guanape, Valle de Guanape, San José de Guaribe y Sabana de Uchire. La gente de estos lugares no tuvo otra forma de comunicarse entre sí, como no lo fueran las tertulias de todos los días en las puertas de las bodegas o en las puertas de una casa de familia sentados en silletas de cuero; en ellas se daba y se recibía toda la información del acontecer cotidiano. No era lo que se conoce despectivamente como “chismografía de pueblo”: Era la historia de cada conglomerado lo que se redactaba a diario en esas reuniones, para con ell tiempo ser transmitida de generación en generación de la misma manera: en la puerta de una bodega o de una casa de familia. Aceptemos, pues, como positivos, los relatos que aparecen en estas páginas; algunos de ellos, seguramente, habrán sufrido variaciones, pero la esencia de los mismos no ha sido alterada.

Jesús Saume Barrios

EPILOGO PARA

EL  COMPAÑERO  QUE  SE  DEVOLVIO

Alfredo Armas Alfonzo

La misma doña Tea, con esa suavidad de la que nadie se olvidaba después de eso, fue  manuscribiendo a lápiz, con letra toda ingenua, la noticia de la llegada de los hijos: José de Jesús, nacido en Guanape en 1924, bautizado en Clarines, sus padrinos don Francisco José Ávila y Sinforosa de Saume. Julián Ramón, nacido en Guanape en 1925, padrinos don Juan García y Carmen Teresa Ávila Chacín. Jesús Rafael, nacido en Guayabal de Guanape el 13 de octubre de 1927 y bautizado en Guanape, sus padrinos Pancho Pepe Ávila y Mercedes Saume. Antonia, también de guayabal un día de San Antonio de Padua, que tubo de madrina a Angélica Guarda. Luis, también en Guayabal en 1930 y bautizado en la población de El Valle, sus padrinos Rafael David y Raquel Ávila.

Jesús Rafael –Chucho más bien, Chucho Saume- es el autor de este libro y de otro anterior con título de Guanape, que es como se llama de otra manera la forma de querer a algo que está en la sangre y en la saliva de cada quién aquí venido a este territorio junto a un río antiguo que remecía el sueño con el fragor arrastrado de su piedra, entre vientos de flores de tiamo, ya apagado y sin eco el vocerío de la soldadesca de cuando el comandante Calixto Vicente de Armas alzaba sus banderas como la coitora su pluma nueva, como el gavilán del rastrojo la sangre de su pico, como la pavita montañera ese lamento de campana rota con que anunciaba la noche aciaga de todo mortal. Pero es verdad: Nadie nunca podrá mencionar esa palabra del caribe sin acordarse de unos ojos de mujer bonita, del padre abriendo la patilla para compartir su ambrosía, de la mano de la madre que era maestra además y podía evitar con un solo gesto de su ceño al acecho de la culebra al hijo de su ser; de este hecho condicionante del alma que supone haber nacido aquí frente a una plaza donde solo se alzaba la flor de la reseda. (El busto de Bolívar se puso al medio siglo de darle al pueblo la filiación municipal.) Chucho Saume era de los que creían con honesta convicción que ser de Guanape garantizaba la condición de buena gente; no provendría la insania de ese alero quieto y sereno del costado de la vela de La Candelaria, ni la hubiese consentido como conducta de cristiano fiel aquel Padre José Ramón medina, desde cuya huesa, en la iglesia de Guanape, algún espíritu celestial cuida de la observancia del deber moral del nutrido de este destino. Este Chucho Saume, que se muere el 9 de mayo, dejando a todo el mundo en la más dolorosa de las aflicciones. Se había quejado de un dolor de cabeza y desatiende una señal del mal que se lo lleva, sin proponerse nada para el viaje, en cuestión de horas.

Yo no se si uno debe acallar a veces el mandato del corazón, y alejar de sí la máscara de todo concepto de lo literario y lo periodístico, para proponerse decir aquí que ninguna muerte como la Chucho Saume tan innecesaria, inoportuna e imprudente. Para uno, porque este hermano de uno, familia de todos, carecía de semejante parecido a él, amigo de todos los días y todos los años, de todos los instantes de la vida ajena o cercana, que él hacía suyas, como cuestión de consanguinidad inevitable; hombre de la preocupación más constante por el que sabía de buena o poca salud o del que no sabía nada, así fuera grande o poca la significación en lo social o lo fundamental del otro, un mismo sentimiento para aquel conocido de entre los humildes de la región natal o un jefe del ejército, un doctor o el tipo de la calle; este Chucho de esos seres escasos de la tierra que uno necesita con apremio para saber que la mano que le apoya en el hombro es la garantía y la certidumbre de una solidaridad sin la cual nadie puede optar a la paz cotidiana. En nuestro caso, la suerte nos ha dado amigos y conocidos o la posibilidad de contactos con demasiada gente, pero yo digo, con la verdad entre todo por delante, que nadie como el tercero de los hijos de Tea Barrios y Julián Saume Aguilar –el de la realidad de rehacer una economía cafetalera de una abandonada hacienda- , que nadie como Jesús Saume Barrios me había deparado tanto bien como para que uno no se sintiese caminando apresurado entre la oscuridad solo con su cobardía. Yo sabía que donde estuviésemos Jesús Saume Barrios me iba dando la confianza como para no caer en un riesgo. Yo se también que a partir de este 9 de mayo yo no vislumbraré sino oscuros trapos negros tenebrosos en la casa de ese antaño bisabuelo en cuya compañía me supe la mañana de Guanape del sábado 11 de junio de 1977, llamándolo con la voz de su alma ardida y yo heredero de la suya junto a aquel pueblo todo que era de Jesús Saume Barrios además del comandante mío y de él, Calixto Vicente Armas. Yo veía a Chucho mientras recitaba mi discurso y yo sabía pero de verdad verdad que la raíz del cuerpo del hijo de Rafael Armas Chacín y Mercedes Alfonzo se enredaba aquí entre los greales colectivos.

Y por él, por propio Chucho Saume, que no tenía razón ninguna para dejar de escribir los otros libros de la más amena escritura y la más ancha emoción de deber realizado y ponerse a olvidar infortunio y pobreza y esa memoria de un pasado en que debió realizar trabajos de muchacho de mandado o de peón, y sin embargo, el pesimismo no lo hirió nunca como para endurecerle la riza o la alegría de su rostro de campesino. En aquellos días dolorosos de la clínica fue que abandonó –dice uno, sin saberlo- el pensamiento de lo que debía contener el libro sobre Puerto Píritu, adonde se fue, muchacho, a trabajarle a R.A. Cuenca, y el mar enfrente lleno de reflejos de vidrio a los que él se asomaba deslumbrado. Yo quiero recordarlo así, entre la luz del naciente.

Yo declaro que me equivoqué cuando me supuse –y lo dije- que desde Píritu de Peñalver al monte Paraguayaco no se encontraba más que la soledad de los desiertos donde solo sobrevive la acechante cascabel. Y no: uno haya el fruto del pichigüey, la flor escondida del pichigüey y su néctar exquisito, de poca sal como la lágrima de la novia que dejamos atrás; a su lado, quitándole las espinas, Jesús Saume Barrios, a quién ya uno no puede llamar para que lo ayude a cruzar el río crecido y fragoroso de toda incertidumbre.

“Jesús Saume Barrios no alcanzó a ver publicado su segundo libro, este, que más que memoria nostálgica de su pueblo tal como él lo vio o conoció de oídas, es extraordinario documento del más inapreciable interés histórico para un examen de la sociedad de una comunidad determinada del país durante ese proceso de cambio comenzado desde principio de siglo.

El autor nunca midió el alcance de un trabajo más que literario, de valor antropológico por el que se asomaba al Guanape que amó tanto y entre cuya tierra deseó acabar en paz y descansar para siempre.

A veinte para las once de la noche del último mayo, la muerte cambió los planes del escritor y el campesino que él insistía seguir siendo obstinadamente.”

Silleta de Cuero, Pág. 285, 286, 287, 288 y contraportada.

Sucesión de Jesús Saume Barrios.

Publicado por Gustavo Dominguez Martinez

14 comentarios

Archivado bajo De Armas, guanape, guaribe